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La revolera

Las mujeres al poder
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(Foto: Javier Arroyo)

Las mujeres al poder

Que en Pamplona ya lo están. Que lo pregunten a Cayetano Rivera Ordoñez, que esta tarde se ha alzado como máximo e indiscutible triunfador de este San Fermín de 2019. En las cuatro orejas de dos magníficos toros de Núñez del Cuvillo y una pancarta muy explícita, que apareció en un tendido rebosante de mujeres en el tercero de la tarde, está el secreto del gran éxito del hijo de Paquirri, que también fue ídolo en la capital de Navarra. La pancarta decía: “Cayetano, nosotras ponemos las orejas y tu el rabo”. A partir de ahí cualquier cosa era posible.

Decía la canción zarzuelera, “Si las mujeres mandaran, en vez de mandar los hombres...” Con música por favor. Pues bien, las mujeres han mandado hoy en la plaza de toros de Pamplona. Hasta la presidencia estaba ocupada esta tarde por una mujer, a la que se le veía disfrutar pegando pañuelazos en la barandilla del palco, concediéndole orejas a granel a Cayetano. Así son las cosas. Se ha impuesto el criterio de las féminas y Cayetano ya es ídolo de Pamplona. Nadie se acuerda a estas horas de que le mejor faena de la tarde ha sido la seria y maciza de Perera al quinto toro, también bueno de verdad. Ni queda memoria, por las calles de la ciudad en feria, de la torerísima tarde de Ferrera que ha tenido momentos de orfebrería fina y magisterio maduro y de solera siempre. ¿Qué vamos a hacer? Así son las cosas si así parecen.

A ver quien mejora la tarde de Cayetano, sin la entusiastica colaboración de las mujeres pamplonicas. Esta más que visto; cuando ellas ponen las orejas, aunque el torero no ponga el rabo, no valen coplas ni romances. Como decía un anuncio de mi primera juventud en mi Albacete el alma. “No le dé más vueltas a la cabeza, las mejores camisas Maison Paris”. Quizás este día 12 de julio debería quedar instituido para siempre en Pamplona como “Día de la Mujer”.

Además, cualquiera se opone al capricho de las damas tal como está el patio. A mí por lo menos no me tacha de machista nadie, por un par de orejas de toro más o menos. Y mucho menos por un rabo… De toro claro.