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La Revolera

Mi Curro

Mis primeros toreros fueron Pepe Luis Vázquez, Pepín y Manolo González, cuya estatura torera era infinitamente superior a la física. Lo disfruté muchas tardes en aquella Monumental de Barcelona, que el abuelo Balañá elevó a la categoría de templo de la tauromaquia de toda una época. ¡Quién le iba a decir que su hijo y su nieto la dejarían perder sin la mínima lucha por perpetuar su obra! Después vinieron los dos Curros; el venezolano Curro Girón y el madrileño Curro Caro. El hermano del “César” era un torero valiente, buen banderillero y entregado, con su inevitable oreja por tarde cuanto menos. El otro Curro, el Caro, duró un suspiro y enseguida se dedicó a los “asuntos taurinos” dejando tras de sí poca estela. Ninguno de los dos dejó grandes recuerdos en mis comienzos como aficionado.

Con posterioridad devino al toreo el gran Curro Romero, que con todos los respetos a su enorme personalidad y a su arte, no llego nunca a ser “mi Curro”, quizás porque fue coetáneo de Rafael de Paula que, aun administrado con cuentagotas, me llegó mucho más que el de Camas. Bastante más tarde otro Curro, Vázquez, sí que llego a ser “mi Curro” durante algún tiempo. Él fue mi primer Curro. Pero en el intermedio hubo un “Perico”, Pedrés, que fue de modo furibundo, y de largo, el torero de mis preferencias de joven aficionado al arte de Cúchares. Su valor y su arrolladora personalidad me cautivaron, pero es que además fue y es mi amigo del alma. Años más tarde, la llegada de Finito de Cordoba significó un gran respiro para mi alma de afcionado, ya que la intensidad con la que viví su época de esplendor es para mí un recuerdo que me acompañará mientras viva…

Ahora, por fin, ya en mi madurez, hace años que encontré a “mi Curro”, porque en él veo el arte y la solvencia que hacen del lidiador un ídolo. Se trata de Curro Díaz, también de Linares como Vázquez, pero distinto y distante en muchas cosas, fundamentales para ser figura del toreo, tales como la perseverancia y el valor recio y sin alharacas, que le hace remontar el vuelo cada vez que los agoreros lo dan por finiquitado. Díaz, como el Cid Campeador, y “Curro” como los grandes “Curros” que en el toreo han merecido ser conocidos y recordados. ¡Por fin he encontrado “mi Curro”! Y este parece que va a ser el año de su consagración definitiva.