La revolera

Ojo al Cristo que es de plata

Paco Mora
martes 20 de abril de 2010

Si estamos esperando que los políticos resuelvan los problemas que acucian a la Fiesta de los Toros, mejor que lo hagamos sentados. Si no son capaces de arreglar lo suyo…

Si estamos esperando que los políticos resuelvan los problemas que acucian a la Fiesta de los Toros, mejor que lo hagamos sentados. Si no son capaces de arreglar lo suyo, enfrascados como están en conseguir el poder y aprovecharse de él después: ¿Qué podemos esperar de ellos? Mejor que se abstengan –que eso se les da muy bien- porque si meten la cuchara en el toreo algo se llevarán. Ojo al Cristo, que es de plata y los políticos no tienen nada para dar. Incluso el poder que ostentan no es suyo. Lo tienen por delegación del pueblo soberano. Jodido pero soberano. Al menos eso dice la Constitución… Lo único que podrían hacer los políticos en beneficio de la Fiesta, además de exhibirse en barrera en las corridas del clavel, es ponerla de una vez bajo la responsabilidad del Ministerio de Cultura. Pero prefieren que siga en el de Interior como el terrorismo y la delincuencia común. El futbol, como en los estadios ni se grita ni se tiran cohetes ni hay grupos de “Hooligans” violentos, dispuestos a partirle la madre a cualquiera, sí está bien en Cultura. Pero los toros son otra cosa, porque los taurodromos, donde nadie se pelea con nadie ni se queja de nada, son un peligro latente al que deben vigilar de cerca las Fuerzas de Seguridad del Estado. Cuestión de orden público, ¿verdad usted?… Mientras los separatistas catalanes siguen con su rabieta berreona contra el arte del señor Curro Cuchares, nosotros deberíamos preocuparnos de los males que corroen al toreo por dentro. Porque si seguimos tragando, lo poco que queda de bravura, movilidad, fuerza y fiereza en los toros se irá de bracete con la emoción que hace tiempo desapareció de los tendidos. Ahí está la Maestranza, que este año parece un funeral de tercera. Si seguimos así, los toros y los toreros, incluso los de a caballo, acabarán jugando una partida de ajedrez en el ruedo.

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