El Tribunal Constitucional ha anulado la prohibición de los toros en Cataluña porque dicha decisión no figura entre las competencias del Govern Catalá. Sencillamente, el Parlament se arrogó funciones que no le correspondían. Eso ha quedado meridianamente claro en la sentencia. Muy bien, enterados y conformes. ¿Y ahora qué? Porque si se trataba solo de salvar la honrilla, dejando claro que en Cataluña se había cometido una judiada con la Tauromaquia, no hacían falta más de seis años para que tan alto tribunal diera a luz algo que ya sabíamos. Para ese parto no hacía falta ginecólogo y si se me apura ni siquiera comadrona. Porque limitarse a decir que la prohibición fue un parto distócico, es notificar algo de lo que hace más de un lustro que estábamos persuadidos.
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