La inquina del señor Petro contra la Fiesta de los Toros sólo se puede entender como una fobia personal, que le impulsa a despreciar a los tribunales de justicia, haciendo valer su autoridad cuando estos le quitan la razón.
La orden del alcalde Gustavo Petro, haciendo desalojar a los novilleros que se entrenaban en la Plaza de Toros de la Santamaría de Bogotá sólo se puede entender como un claro desafío a la justicia, puesto que hace pocos días que la Corte Constitucional de Colombia ratificó su sentencia del 2 de septiembre de 2014 ordenando el retorno de los toros a la capital, invalidando así la decisión unilateral del citado munícipe en el año 2012. Desde la distancia, una vez más, no tenemos más remedio que lamentar que un alcalde se sienta tan señor de horca y cuchillo como para vulnerar una sentencia de la justicia suprema de su país, cuando ésta no está de acuerdo con sus personalísimas opiniones.
La inquina del señor Petro contra la Fiesta de los Toros sólo se puede entender como una fobia personal, que le impulsa a despreciar a los tribunales de justicia, haciendo valer su autoridad cuando estos le quitan la razón. Tan de lamentar es la actitud de flagrante desobediencia de Petro a la justicia, como que los bogotanos se vean obligados a sufrir un talante como el que revela el alcalde que les ha tocado en desgracia.
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Petro desafía a la justicia
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