En el año 1999 un niño enloqueció una abarrotada plaza de Pontevedra saliendo a hombros por primera vez tras una tarde en la que quedará para el recuerdo también el brindis a Anthony Quinn.
Ante las cámaras de Canal Plus comenzaba un idilio que se ha mantenido durante veinticinco años y que todo el mundo pudo ver. El Juli es uno de los toreros adoptados por la afición de Pontevedra y las peñas cada tarde le gritan el "Juli, Juli" como banda sonora de un cariño que se ha mantenido durante este cuarto de siglo.
Julián ha protagonizado tardes muy importantes en el coso de San Roque hasta alcanzar las nueve puertas grandes. Cuando hace dos semanas se conoció la retirada al final de temporada del madrileño los carteles de La Peregrina adquirieron un tono aún más especial pues Pontevedra se convertía en una de las últimas paradas de la leyenda madrileña.
La afición gallega mantiene la capacidad de crear y mantener a sus ídolos y aguarda con ilusión y expectación la corrida de este domingo 13 para despedir como se merece a un torero que tienen como propio.
El festejo con toros de Santiago Domecq y Morante y Manzanares en el cartel no va a ser uno más pues las muestras de cariño que recibirá el madrileño serán indudables por el cariño que ambos se profesan.
El Juli está despidiéndose y el aficionado ya busca con nostalgia e ilusión acompañar al madrileño en dos últimos meses que serán inolvidables por haber marcado a una generación completa de aficionados que creció con él y su toreo.
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