De los seis toros de la corrida que echó Victorino en Bilbao el 26 de agosto, tres respondieron al ideal del torismo radical. Se jugaron de segundo, tercero y cuarto. Estaban abiertos en lotes distintos. El segundo se llamaba Conducido; el tercero, Esotérico; el cuarto, Hechicero. Por delante se jugaron tres de los toros justos de volumen. Dos de los tres últimos dieron de media los 570 y desde luego abultaban más que los demás.
Corrida dispar pero no en escalera ni propiamente desigual. No serían parientes ni lejanos. Es moda reciente hablar del árbol genealógico de los toros de lidia como si la transmisión de sangres tuviera efectos automáticos. A la gente atenta le divierte saber que los toros tienen padres y madres, tíos, tías, primos y cuñados, abuelas y abuelos en edad de merecer. Pero los códigos genéticos y los bancos de datos son muchísimo más fiables en las aves canoras, en los animales salvajes criados en cautividad y en las razas bovinas de carne o lecheras que en el toro de lidia. Los victorinos de Albaserrada que conservan nombres de participios pasivos latinos -Conducido, Dirigido…- pueden ser cajas de bombas o de bombones. Hay que leerse el prospecto antes de hacer la cata.
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