La revolera

Sanseacabó

Paco Mora
lunes 19 de marzo de 2018
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Dicen que no son tristes las despedidas, dile a quien te lo ha dicho que se despida. Y ahora la cremà con sus correspondientes indultos. Para olvidar, mientras arde para convertirse en cenizas: La vuelta a La Plaza de Toros de Valencia del baile de corrales de los mediodías, con un equipo veterinario infumable y una presidencia -en determinados días- instalada en el despropósito y la falta de respeto a público y toreros, que ha originado muchas injusticias y ha evidenciado carencia absoluta de conocimientos, cuando no grandes dosis de “mala milk” y desprecio a la Fiesta más nacional de todas las fiestas. Alguien tendrá autoridad para poner freno a quienes quieren hacer de una Feria popular, amable y alegre, un sinsentido que no se merecen ni Valencia ni los valencianos... ¡Digo yo!

Indulto, y lugar destacado en el museo de los “ninots” para la historia fallera, de la sabiduría, torería y entrega de Enrique Ponce, la imparable remontada de Roca Rey, el primor y la gracia toreadora de Ferrera, la fuerza de la verdad de Román y el esfuerzo de empresa, ganaderos y público para hacer honor a la Fiesta de un pueblo que vive trescientos sesenta y cinco días al año para convertir en llamas un talante especial que lo hace grande y digno de respeto. Se salvan del fuego también dos corridas completas: la de Alcurrucén y la de Fuente Ymbro. Bueno, a la de los Lozano le faltó el bocado que le dio la voracidad veterinaria. Y mención especial para ciertos toros de Juan Pedro, de Domingo Hernández, Núñez del Cuvillo y Victoriano del Río. Y alguno que se me olvida porque no sería tan bueno.

Y sobre todo, se salva del fuego ese espíritu acogedor, repleto de simpatía y ánimo festero, de todos los valencianos sin excepción. Oigan... Y las bandas de música que suenan a gloria celestial una tarde tras otra. Música que le pone sordina a la “mala follá” de algunos que aprovechan el palco o los corrales para vivir cada día su raquítico minuto de gloria. A esos, que Dios los perdone que yo no tengo tiempo.

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