En cuarto de carrera, un tiempo desde el que llovió mucho y no tanto, un profesor me dijo al lado de una baraja de mus y dieciséis marlboros extraordinarios: “Pensar así te hará impopular”. Justo ese tiempo después constato dos cosas. Una, que sobraba el “así”. Quien piensa y dice lo que piensa es impopular, casi un perseguido, así ha sido siempre. La segunda es más importante y transcendente: perdí la sabiduría de jugar cumbre al mus. De ambas cosas, pensar por sí solo y jugar al mus, la primera tuve la insensatez de practicarla y a la segunda le perdí el sitio como se lo pierde el torero que deja de torear. Dicen que quien tuvo, retuvo, pero esa es otra de las frases que comenzamos a decirnos cuando ya no hay remedio para la impericia.
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Se me olvidó jugar al mus
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