Hay cosas absolutamente previsibles, y que los carteles de las Fallas de este año serían reventones estaba cantado. Como lo serán los de San Isidro. Y no hay que ser un nigromante para adivinarlo. Tanto Simón Casas y sus socios como Martínez Uranga y los suyos deberían ponerle media docena de velas a la incontinencia verbal de Canorea, gracias a la cual determinados toreros han bajado gatillos en sus exigencias para ser contratados en Valencia y en Madrid. Y es que el hijo de aquel Diodoro de tan grato recuerdo, pone un circo y le crecen los enanos. Vamos, que lo hacen embajador en Kuala Lumpur y con el discurso de toma de posesión le sobra para que una nube de malayos nos invada al día siguiente. Es un don, ¿qué le vamos a hacer?
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