LABORES CAMPERAS (VI)

Tentadero de machos: otra labor fundamental en el campo bravo

Recordamos una jornada de acoso y derribo en la finca La Cobatilla de la ganadería de Murube
Redacción APLAUSOS
lunes 13 de julio de 2020
Fotos: Arjona En La Cobatilla, la finca sevillana de Utrera donde se crían los toros de Murube, hay dispuesto un magnífico corredero para tentar cada año la bravura de los machos de la ganadería. El tentadero a campo abierto, con su acoso y derribo y la posterior prueba del caballo de picar, es otra de […]

Fotos: Arjona

En La Cobatilla, la finca sevillana de Utrera donde se crían los toros de Murube, hay dispuesto un magnífico corredero para tentar cada año la bravura de los machos de la ganadería. El tentadero a campo abierto, con su acoso y derribo y la posterior prueba del caballo de picar, es otra de esas labores camperas clásicas en muchas vacadas. No todas las fincas tienen la suerte de contar con un corredero óptimo, pero donde sí lo hay suelen poner a examen cada una de sus camadas de erales para vaticinar el juego que después podrían ofrecer esos mismos productos en la plaza.

Aquellos animales que responden bien tanto al acoso y derribo como a la suerte de varas -en la que los jinetes emplean a sus caballos para ir poniendo a los erales en suerte- los anota el ganadero para, si sus hechuras lo permiten, lidiarlos en el futuro en algún coso importante, e incluso aquellos que rozan la perfección en el doble examen y traen además buena reata los selecciona su criador para echarlos a las vacas como sementales.

En algunas ganaderías, la prueba a campo abierto debe ser refrendada también en la plaza de tientas. Allí se pone de nuevo a los machos frente al caballo de picar, valiéndose generalmente de las clásicas ramas de eucalipto que permiten poner en suerte a los animales sin usar capotes ni muletas, lo que asegura a los ganaderos -si es que el macho no supera la prueba- poder lidiarlos en el futuro en alguna plaza al no haber sido toreados. En otras ganaderías, en cambio, se “queman” directamente los productos, es decir, se obvia el uso de las ramas y se torean directamente como si de un festejo formal en una plaza se tratara.

Lo que está claro es que ganarse el derecho a ser semental, bien sea a campo abierto o en una plaza de tientas, nunca es tarea fácil. De ahí que, una vez conquistado ese derecho con su bravura, los sementales pasen a ser los auténticos reyes de la ganadería.

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