Comienzo a hartarme de tanto insulto de los mascotistas y de los mal llamados “animalistas”, lo dejaré claro. Yo no soy contrario a las mascotas. No deseo que se prohíban, no las odio, no creo que sean responsables de nada, nada tengo en contra de esos seres vivos y ni siquiera puedo afirmar que nunca tendré una. Ejemplo. En el Noniná de Madrid, gastrobar donde ponemos la mejor hamburguesa de res de lidia del mundo, a cara y oferta abierta y orgullosa, tengo que aguantar el tirón de los joputas que me pintan, me joden el lavabo o me ponen silicona a la cerradura. Eso no lo hace un animal, lo hace un ser humano, joputa.
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