Cumplidos los plazos de la recesión de 2008 y su resaca, de un lado, y los de la pandemia y la postpandemia después, Castellón recobra el hilo de la que fue fórmula casi infalible de su semana taurina de ocho días. Se cae de la programación la corrida de rejones, se mantienen las novilladas, se anuncia una exhibición del joven Marco Pérez, debutan dos ganaderías -Puerto de San Lorenzo y hermanos Tornay- y, como en la época dorada del abono, Victorino vuelve a ser reclamo mayor
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Una Magdalena clásica
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