En un cercado próximo a la casa una corrida de toros cinqueña se sale de ojo. Una preciosidad. Ochos toros bajos, reunidos, limpios, cárdenos, chatitos, degollados, de escasa badana, de piel fina, mirada vivaz, alerta ante los intrusos, cárdenos. Llevan el hierro de Pallarés en la parte alta de su anca y no pueden negar su procedencia, puros santacoloma en su versión más refinada y auténtica. Paramos el coche, Arjona se toma sus precauciones cuando se baja a retratarlos. Pilar Buendía, esposa de José, está en el inicio de la historia. Son sus toros. Nos explica que la corrida se quedó en el campo el año pasado víctima del descenso de festejos y sobre todo, apunta ella, del poco aprecio que le tienen los toreros a su encaste.
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