LA REVOLERA
Detalles de la corrida del 12 de diciembre en La MéxicoDetalles de la corrida del 12 de diciembre en La México

¡Aviso a los navegantes!

Paco Mora
lunes 16 de noviembre de 2020

Me dijo un día Pedrés que los toros dan cornadas hasta con el rabo. Y alguna razón debía tener puesto que cuatro toreros valencianos -Ponce, Román, Polope y Borja Collado- están lesionados, alguno de ellos sin siquiera vestirse de luces en esta infausta temporada que da las últimas boqueadas. La hernia inguinal de Enrique, el riñón dañado de Román, el hombro desplazado de Collado y el codo desarticulado de Miguel hacen bueno el aserto del Pedro grande de Albacete. Y es que pese al desprecio que por el toreo tienen los políticos que nos mal gobiernan, intentar, solo intentarlo, hacer arte con un cuadrúpedo bicorne y bravo, prescindiendo incluso de su edad y trapío, es cosa de héroes. De ahí la admiración que sentimos por la grey torera los aficionados que sabemos lo difícil que es ponerse delante hasta de un becerro en un tentadero.

Ponce, proclamado por su propio historial torero como el gran caporal de esta época, famoso, rico y con treinta años de ejercicio de la profesión sin descansar ni una sola temporada para tomar aliento, ha sido un auténtico galeote con su decisión de ponerse al frente del intento de recuperación de la Fiesta en plena pandemia. Y ello sin pensar en el dinero, la fama ni el reconocimiento de la afición, cosas que atesora en su ya largo historial de figura cumbre del toreo. Ha estado ahí porque ama una profesión que se lo ha dado todo y con la que no quiere permitirse ser desagradecido. ¡Loor y gloria  a un torero de época!

Pese al desprecio que por el toreo tienen los políticos que nos mal gobiernan, intentar, solo intentarlo, hacer arte con un cuadrúpedo bicorne y bravo, prescindiendo incluso de su edad y trapío, es cosa de héroes

Los otros tres valencianos merecen también un respeto imponente. Román “El batallador”, que con un riñón roto habla del percance como aquel que le ha picado una avispa, y Polope y Borja Collado, dos promesas en los que la afición valenciana tiene puestas muchas ilusiones y esperanzas, tampoco han querido que pase esta noche negra de la tauromaquia sin intentar poner un chispazo de luz en ella. Benditos sean. De ellos y de su espíritu de sacrificio y afán de lucha por abrirse paso en tan peligrosa profesión, no nos olvidaremos, cuando pase esta nube de tragedia que oscurece nuestro horizonte vital, quienes seguimos creyendo en el toreo como portador de valores dignos de respeto y admiración.

Como no olvidaremos el mérito de los Curro Díaz, Finito de Córdoba, Juan Ortega, Morante de la Puebla, Emilio de Justo, Sergio Serrano y todo ese puñado de héroes que vestidos de luces han decidido reivindicarse como toreros en tan adversas circunstancias. Y ello sin obviar a los hombres del castoreño, a los banderilleros y mozos de espadas que les han arropado en su heroica aventura, en la que el horizonte económico ha sido lo de menos. No pudieron con el arte de Cúchares ni Reyes ni Papas ni generalitos mexicanos, con sus edictos encíclicas ni decretos, porque el toreo forma parte del alma de España, que la supo proyectar sobre otros países de distintos idiomas, e incluso atravesando la mar océana. Y es que el toreo continuará vivo mientras haya un hombre capaz de vestirse de luces para enfrentarse a un toro bravo y otros hombres capaces de criarlos en el campo bravo español. ¡Aviso a los navegantes!

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