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Bernadinas

Se critica en muchos textos la profusión de muletazos de adorno que los toreros exhiben en sus faenas. Lo raro de este tiempo es que un torero finalice su labor con ayudados a media altura o con muletazos pintureros. Lo corriente es que nos ofrezcan bernadinas o manoletinas, que si en su momento eran celebradas, ahora ya resultan cansinas y desesperantes. A pesar de ello, cualquier novillero nuevo que aparece en los ruedos nos recuerda que sabe dar estos honestos muletazos que la rutina ha acabado por banalizar. A pesar de que la afición ya recela de ellos, los toreros insisten en su oferta. Nunca se hubiera imaginado Joaquín Bernadó que su nombre tendría tanta resonancia con esta moda actual de las bernadinas.

El detalle de que las figuras nos regalen todas las tardes pases por la espalda cambiados, arrucinas, dosantinas, toreo de rodillas cada vez más comprometido y otro tipo de muletazos de similar corte, debe ser el germen para que los aspirantes que hacen sus primeros paseíllos se empeñen en la imitación de sus mayores. Es evidente que los noveles imitan los recursos de las figuras. No se han percatado, sin embargo, de que ya no se reciben como antaño. En algunas plazas, cuando un torero se echa la muleta a la espalda se oye un rumor de desaprobación ante la escasa originalidad del intérprete.

Los profesores de las escuelas taurinas comentan con acierto que su labor docente no puede limitar la creatividad y la personalidad de sus alumnos. Llevan toda la razón. Pero me pregunto si estos profesores, casi todos muy buenos toreros, no les advierten sobre lo que es el toreo bueno de verdad, que se supone que es el que deben aprender los chavales. Dicho de otra forma: me parece que en algunas escuelas alimentan este tipo de toreo como una forma de expresión del alumno, en lugar de meterles en la cabeza el toreo clásico y eterno.

Ya que se imita a los mejores, los profesores de las escuelas podrían ponerles vídeos de algunas faenas de Morante; o de las de Pablo Aguado en Sevilla. Es el toreo puro y natural sin rodillazos ni pases de adorno estereotipados. Claro que para torear así hay que nacer con un don genial que no tiene casi ninguno de los mortales.

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Bernadinas

Carlos Crivell

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Carlos Crivell
Etiquetas: Desde el Arenal

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