La vida torera de David de Miranda debe ser ejemplo a seguir por todos aquellos que luchan por alcanzar la meta, para que no cedan en su empeño, para que superen las adversidades y nunca tiren la toalla. La historia de este torero de Trigueros está forjada en la paciencia, el sufrimiento, la humildad y la fuerza.
Me traslado a tiempo atrás cuando su hombre de confianza, Fernando Pereira, habla y no para de su torero. "Juan -me dice-, hay que ayudarlo, éste sirve".
Un torero que salió de su pueblo, Trigueros, tierra de toros y que, en esos comienzos desesperanzadores toreaba en cualquier sitio, con pelé y melé, con toros de sabe Dios quién, y sufrió una cogida que marcaría su vida y su carrera. Quedó casi inválido. Los médicos no solo no le confirmaron que nunca volvería a torear sino que tampoco le aseguraron que volvería a andar. El torero y el hombre no se derrumban. Es fácil decirlo, es casi imposible hacerlo. Él lo hizo. Llegó la recuperación, volver a andar… y a torear. Jorge Buendía confió en él y luchó con él. Aparecieron algunas actuaciones y siguió el camino. Al fin llega Madrid… cuajó un toro en tarde de viento (recordemos que Las Ventas se llama así por el viento), se jugó la vida y se abrió su futuro. Pero llegó el COVID y otra vez a la casilla de salida. Volver a empezar otra vez de cero. Se quedaba quieto como ninguno, pero quizá demasiado hierático, vertical. Le faltaba sentirse más. Apareció José Luis Pereda que insiste en conseguir que a ese valor fuera de lo común le imprima gusto… y el torero lo hizo.
Al fin llega Sevilla (no olvidemos que el camino siempre es Sevilla y Madrid), y ahí destapa su toreo, su lucha, su superación, su ansia de ser alguien en lo que siempre quiso. La Puerta del Príncipe, la gloria. Ahora aparece en su vida un compañero, una figura de época como Enrique Ponce y el tándem funciona de maravilla. Con Ponce todo funciona de maravilla. Los triunfos se suceden, entra en las ferias pero… yo pregunto: ¿por qué no se le considera ya figura a este torero? De Miranda garantiza el espectáculo, se juega la vida con arte cada tarde… ¿qué quieren más de él?
Todo esto que escribo surge tras el atraco a "pañuelo armado" del presidente de la plaza de Zaragoza que, tras una tarde épica, le hurtó las dos orejas. También pasó en Jaén ¡Qué más da! ¿Acaso importó la oreja que faltó más que un público entregado? Queridos niños que queréis ser toreros, seguid el camino de David y lo conseguiréis.
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David de Miranda, el camino
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