-¿El éxito se mide con pasta?
-No. Naturalmente uno quiere ganar dinero y cuanto más mejor. Sobre todo, porque de esa manera entiendes que te reconocen, que te tratan más justamente y eso interiormente es bueno, te fortalece, pero tienes que saber asimilar las cosas y saber que no el mejor torero es el que más dinero gana. Eso ha pasado así en toda la historia del toreo.
-Un silencio o una bronca, elige.
-Prefiero una bronca a un silencio de indiferencia. Si no ha habido nada un silencio lo acepto como lógico, otra cosa es que sí haya pasado y sientas indiferencia, entonces duele.
-Sigue eligiendo, ahora entre devotos o masas.
-Elijo los dos, para el torero son fundamentales todos. Ya irán aprendiendo las masas.
La entrevista ha arrancado a toda mecha, entre la broma y la ironía. Con la retranca de quien se siente seguro en su posición y el convencimiento de quien ha navegado por los mares más inhóspitos del toreo y ha salido indemne. Diego Urdiales, torero de culto, vive momentos de reconocimiento siendo a mayor gloria y tal como él dice, el torero que quiere ser. Desde nuestra última entrevista mantiene la postura, sigue aferrado a su toreo y a su concepto personal y artístico por encima de todo. "Leal a su espíritu", escribimos entonces y ahí sigue, como entonces "sin que haya precio que le apee de su fe y a la postre de su pedestal".
"El mejor torero no es el que más dinero gana. Eso ha pasado en toda la historia del toreo"
"La temporada, buena", responde contundente cuando le pido que se ponga nota a esta primera parte del curso. "Bastante buena", recalca y añade: "Por las sensaciones y evidentemente por el triunfo de Madrid", dato definitivo que engrandece y avala el relato. Y tratándose de Madrid, su Madrid, es dato del que presumir con el valor añadido de la reincidencia.
Hablamos en vísperas de Bilbao, otro de sus baluartes, ya se sabe que el norte es suyo.
-Antes -en el momento de hacer la entrevista- tengo que pasar por varias ferias importantes, voy a Pontevedra, a San Sebastián y a Málaga. Tengo por delante una temporada larga y bonita.
Detrás de esa programación además del torero hay un nuevo responsable con una carga sentimental importante, detalle al que el matador da un especial relieve personal, se trata de Israel Vicente, hijo de su primer apoderado, periodista en relevantes medios y hombre avezado en los entresijos de la trama taurina por la que transitó con éxito en diversos momentos de su trayectoria profesional.
-Es como de mi familia. Me hacía mucha ilusión que fuese él. Estamos a gusto y estamos felices.
Y al hilo de su temporada continúa.
-Me siento bien delante del toro y eso es lo importante.
-¿Sentirse bien significa más convencimiento, supone más regularidad, independiza de la suerte…?
-De la suerte nunca se acaba de independizar nadie, pero cuando uno está en buen momento lo siente y lo sienten sobre todo los que saben. Pero evidentemente todo está condicionado por la suerte porque el toro tiene que poner.
-¿Cuánto ha de poner?
-No es cuestión de porcentajes ni de números. Si comenzamos a medir vamos por el camino equivocado. Digamos que el toro ha de tener una mínima condición favorable para el toreo.
"Siempre se ha dicho que hay que torear con las muñecas, con la cintura, con los codos… y eso el tamaño del toro de ahora lo complica más"
-¿Y hay muchos que no saben y no sienten?
-Saber de toros es muy complicado y cuanto mayor capacidad tienes más difícil de entender es para el que está fuera.
-Diego Urdiales es del norte.
-Del norte por supuesto.
-Esperaba que me contestases del norte y más allá.
-Ser un torero de plazas como Madrid, Bilbao y Sevilla lo dice todo.
-Y tú lo eres.
-Yo creo que sí.
-¿Se puede afirmar entonces que no has encontrado una barrera en Despeñaperros como se han quejado algunos clásicos o han querido imponer algunos aficionados?
-No, no. Por mi forma de entender el toreo y la cantidad de partidarios que tengo más allá de Despeñaperros, evidentemente no.
-Sevilla en cambio este año no acabó de ser receptiva según te escuché en unas declaraciones que sabían a queja.
-Fue una tarde rara. De esas tardes raras que pasan y son así, pero es evidente que el aficionado de Sevilla entiende mi forma de torear y así lo sentí yo siempre.
Diego Urdiales, en el patio de cuadrillas de la plaza de Vista Alegre de Bilbao. Foto: Phillippe Gil Mir
EL TOREO ES UN MISTERIO
-Defíneme el toreo. ¿Qué es el toreo para ti?
-Desde luego un arte, eso es evidente, en el que a través del conocimiento que el torero debe tener es capaz de poder con el toro y a la vez, si se tiene lo que es difícil tener, se puede crear.
-¿Qué es lo difícil de tener?
-Todo es difícil en el toreo, pero hay algo que yo le llamo don que uno lo tiene o no lo tiene, si lo tiene, lo siente y lo transmite. Traspasa emociones de una manera tan fuerte que… —se detiene, piensa y sigue— que te hace sentir que allí hay algo especial. El toreo es un misterio.
-¿Qué crees que es más, ciencias o letras?
-Yo creo que tiene de las dos cosas. Ciencia para conocer el toreo y letras para expresarlo y transmitirlo.
"Entre devotos o masas elijo los dos bandos. Ya irán aprendiendo las masas"
-¿Urdiales de qué carga más?
-No sé, creo que tengo de ambas. De ciencia creo que bastante, aunque la ciencia es difícil de comprender, tienen que saber mucho para valorarlo; con las letras es diferente, cuando uno tiene la suerte de que todo se reúna todo fluye y se valora. Cada uno puede contarlo de la manera que quiera, pero en mi caso lo cuento de una manera muy bonita.
-¿Dónde has encontrado la mayor dificultad?
-En nada concreto. En las circunstancias de cada momento. Yo creo que todos dependemos de las circunstancias que son distintas para cada uno. De saber asimilar las tuyas que son las que te tocan, eso es muy importante, te puedes meter más en lo realmente importante que es el toreo.
-En el toreo se habla mucho del valor, este tiene valor o este no tiene se sentencia y entonces se convierte en hándicap, aunque estando en el mundo del toro yo diría que en un sambenito. ¿Tú en qué medida lo consideras fundamental?
-Es la base. Lo que pasa es que hay valor que se ve más y valor que se ve menos.
-¿Nace de la seguridad, de la técnica, de la inconsciencia…?
-Si eres inconsciente no puedes pensar y aquí, delante del toro, hay que pensar mucho para poder meterte dentro de su condición y poder buscar las soluciones que te permitan crear, que es el fin de todo. Crear es lo que marca la diferencia en cuanto a la personalidad de cada uno, a lo que uno siente y lo que transmite y para llegar a eso hay que tener valor.
-¿La regularidad ha sido un enemigo tuyo?
-No creo. Pasa que la suerte es fundamental y hay formas de torear que requieren de un tipo de embestida que no siempre surge. Mira, cuanto más calidad quieres imprimir a tu toreo más calidad necesitas en las embestidas, eso es así. Y si no surgen esas embestidas la regularidad a la que te refieres es más complicada, es mucho más difícil de conseguir.
"De la suerte nunca se acaba de independizar nadie, pero cuando uno está en buen momento lo siente y lo sienten sobre todo los que saben"
-Entiendo, pero da la sensación de que en el toreo actual de comunicación y consumo rápido la regularidad cuenta mucho.
-Yo siendo como soy he tenido suerte, en cuanto que he conseguido cosas en el toreo que jamás pude imaginar y soy la clase de torero que he querido ser, pero no me considero un torero con suerte en cuanto a los toros.
-Siempre estamos a expensas de la suerte.
-Hace falta la suerte para que en momentos determinados haya esa continuidad para que a algún incrédulo se le quiten las musarañas.
-¿Hay mucho incrédulo?
-Sí, por desconocimiento, creo, pero sí. Es que saber de toros es muy complicado. Y si te metes en profundidades más difícil todavía.
-Elígeme dos virtudes irrenunciables de Urdiales.
-La verdad ante todas. Todo lo que hago lo hago con verdad, esté mejor o no lo esté. Cuando uno siente el toreo desde lo más profundo, cuando no está bien lo que no puede hacer es transmitir otra cosa y cuando está bien lo mismo. Los toreros somos humanos y hay que aceptar que todos los días no estamos inspirados. Otra virtud irrenunciable para mí es la personalidad, uno es como es y en mi caso tengo una personalidad muy definida que yo considero virtud.
-¿Cómo llevas el recurso de taparse cuando no hay suerte o cuando no estás a gusto?
-Todos los toreros estamos al cien por cien delante del toro y entregas el máximo de lo que tienes, de lo que eres en ese momento y en esas circunstancias. Taparme para mí es difícil.
-Eliges la transparencia.
-Totalmente.
-El temple es otra condición de lo más preciada y de lo más necesaria. ¿Con el temple se nace?
-El temple va dentro de lo que llamo el don y yo creo que eso nace con uno. Luego para conseguir que ese don emerja y se transmita es fundamental el conocimiento del toro y del toreo. Y dentro de que tú conozcas el toreo y seas capaz de dominar un toro y reducir su velocidad, hay un algo más que te da un temple más especial y eso es interior, eso es de cada cual.
-¿Dónde has encontrado las mayores dificultades, en la plaza o en los despachos?
-En la plaza no ha sido fácil, pero en los despachos ha sido mucho más complicado.
"¿Ciencia o letras?... Yo creo que mi toreo tiene de las dos disciplinas. Ciencia para conocer el toreo y letras para expresarlo y transmitirlo"
-¿Dónde ha estado el problema?... ¿En qué te faltó mano izquierda, en tu administración independiente, en una rebeldía excesiva…?
-No ha habido problema. Mira dónde estoy. No me ha ido mal. El que haya encontrado dificultades no quiere decir que no haya conseguido nada.
-¿El toreo te ha traído todas las satisfacciones que esperabas?
-El toreo me ha traído muchas más satisfacciones de las que esperaba. El toreo no es lo que envuelve al toreo, eso es otra cosa. El toreo es el toro y es el torero y ahí me centro.
-Esas satisfacciones de las que hablas deben ir acompañadas de unas compensaciones económicas, sociales, que llegues a un restaurante y tengas mesa, que llegues al banco y salga el director a recibirte…
-Esas cosas ya me han pasado. Si se considera que el toreo es eso te diré que también me han pasado.
-No será lo fundamental, pero es una buena señal.
-Seguro.
-¿Qué día te dijiste: ya estoy donde quería estar?
-El día que me puse delante de un toro y sentí que era capaz.
-¿Y el día que sentiste que te consideraban, que por fin estabas en las ferias…?
- Fue algo progresivo, son pasos que se van dando. Yo venía de momentos de no torear nada y llegó el triunfo de Logroño, luego el de Madrid y comencé a entrar en las ferias y claro noté el cambio. Luego llegaron triunfos más fuertes y se repitieron las sensaciones y así hasta el día de hoy que las sigo notando.
El pasado año en Bilbao, Diego Urdiales cuajó una de las faenas de la temporada. Foto: Aritz Arambarri
TARDES INCREÍBLES
-¿Tu mejor faena?
-Es difícil concretar una. Para eso me guío por lo que siento delante del toro. Parece que soy muy reiterativo en esa cuestión, pero cuando llegas a sentir delante del toro cosas emocionantes para ti mismo y a la vez eres capaz de transmitirlas, son faenas que yo no olvido. De esas he tenido muchas y no me puedo quedar con ninguna porque cada toro es distinto y cada faena afortunadamente también es distinta y todas han tenido grandes virtudes.
-Yo me quedo con una de Madrid, Feria de Otoño, una corrida de Fuente Ymbro muy potente… una faena igualmente potente, poderosa, acorde a como era el toro. Tal como estuviste y en donde fue, tuvo especial importancia.
-Es una de ellas. Fue una tarde increíble con emociones increíbles, pero la puerta grande de este año también lo ha sido. No solo es Madrid. Tengo cuatro puertas grandes en Bilbao, imagina las faenas que hubo en esas cuatro tardes. Dentro de las doce o catorce faenas de dos orejas que llevo en Logroño lo mismo, recuerdo una a un toro de Matilla que fue muy especial; otra, el día de mi confirmación en La México, está entre mis favoritas, también una faena a un toro de Domingo Hernández en Sevilla al que corté dos orejas. Y todas las considero diferentes.
-¿Has tenido modelos, referencias artísticas?
-Hay una época anterior a la nuestra que identifico mucho con mi manera de sentir el toreo, tanto en las formas como en el trato que le dan al toro.
"Cuanta más calidad quieres imprimir a tu toreo más calidad necesitas en las embestidas"
-Nombres.
-Si te digo nombres me dejaré alguno fuera y no quisiera porque hay muchos toreros muy buenos.
-Hablemos del toro actual. Seguramente me dirás que es demasiado grande.
-Demasiado grande, sí. Para determinadas formas de torear es mucho más complicado. Toda la vida se ha dicho que para torear bien hay que torear con las muñecas, con la cintura, con los codos y eso el toro de ahora lo complica mucho más por el tamaño, pero hay que decir que actualmente los ganaderos están consiguiendo algo increíble. Salen toros de un nivel que nunca han salido, por bravura, por clase, por muchas cosas, pero los mejores casi siempre coinciden con los que están mejor hechos.
LA SEGURIDAD DE LA ESPADA
-¿Usted en qué es bueno de verdad?
-Pues no lo sé. Unos hablan del capote, otros de la mano derecha, los hay que se quedan con la izquierda y otros hablan de la espada.
-¿De la espada también?
-También. Tengo premios de todas las ferias importantes del toreo.
-¿Quieres decir que una faena importante no se te escapa con la espada?
-Siempre puedes pinchar, pero me considero a lo largo de mi trayectoria como un torero muy regular con la espada.
-A pesar de no ser un tío alto y fuertote.
-Evidentemente. Eso es otro detalle que complica matar un toro con el tamaño de los de ahora.
-Valencia en la memoria reciente... ¿Hay plazas esquivas, plazas que no estimulan, que no te ganan ni las ganas?
-Hay plazas en las que no hay suerte. Valencia tiene un gran público que el otro día sentí desde el primer momento muy conmigo con el capote y luego el lote no ayudó. Esa fue la realidad.
"Siendo como soy he tenido suerte, he conseguido cosas en el toreo que jamás pude imaginar y soy la clase de torero que he querido ser"
-¿Eres muy sensible a los ambientes?
-Soy sensible a los días. Me afectan los cambios de tiempo, los cambios de estación… esas cosas me influyen bastante.
-No es este Urdiales torero que participe de las modas atléticas que acompañan a muchos de sus compañeros, no es de grandes palizas físicas, lo suyo me dice se reduce principalmente al toreo de salón.
-Hay que estar físicamente bien, claro, pero con el tiempo he aprendido que lo conveniente para mí lo encuentro en el toreo de salón. Ahí busco y potencio coordinación, respiración, equilibrio, flexibilidad… Eso hace que luego en la plaza me sienta mejor.
-¿Cómo andas de supersticiones?
-Bien. Bien quiere decir que no tengo. Bastante difícil es esto de ponerte delante de un toro como para buscar más complicaciones. A lo mejor a alguno le vienen bien para distraerse, pero yo no lo entiendo así.
-Uno piensa que los toreros considerados de arte son más sensibles a esos detalles.
-No, no. La fundamental para mí es la cabeza, se trata de estar lo más tranquilo posible y buscar elementos externos lo que hace es crearte unas preocupaciones innecesarias. Es algo lógico. Y si me notas alguna superstición, es de las que podríamos considerar de tradición taurina y las manifiesto más por los demás que por mí, para que no se sientan mal.
-¿Y los miedos… cómo los llevas?
-Como puedo. Ahí también hay un misterio que a estas alturas me es muy difícil de controlar y creo que me iré del toreo sin lograrlo. Se manifiesta en los días previos y en los días de torear. Son sensaciones que te asaltan cuando uno se despierta, cuando se va a vestir de torero… No es tan extraño, en realidad me pasa como en el día a día o cuando voy a torear de salón, que unas veces tienes sensaciones de frescura, de sentirte vivo y otros días todo lo contrario, por lo que sea, porque no has dormido bien o por cualquier otro motivo. Son sensaciones difíciles de controlar. Mira…
-Miro.
-Yo suelo coger el capote o la muleta en la habitación los días de corrida y hay veces en las que me pesan una barbaridad, que siento una espesura tremenda y otros que los toco y se me ponen los pelos de punta. A ver cómo se controla eso… pues no se puede.
-Entonces si te encuentro una mañana de toros o si nos cruzamos en el patio de cuadrillas, pongo por caso, no te tengo que saludar.
-Me puedes saludar, me puedes saludar... ja, ja, ja… a lo mejor me encuentras un poco raro, pero salúdame.
"Saber de toros es muy complicado. Y si te metes en profundidades más difícil todavía"
-¿Cuántos vestidos te has hecho este año?
-De momento tres.
-No has estado muy gastoso en temporada de tantas expectativas.
-Hombre, si consideras que el año pasado toreé ocho corridas de toros y que tengo unos treinta en casa, algunos con dos puestas, a lo mejor te cambia la opinión. El de Valencia tenía una puesta, la tarde de las dos orejas de Bilbao.
-Repítelo este año.
-No, para Bilbao me pondré otro. No pienso repetir.
-A tu gusto, claro.
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Urdiales: el torero que quiere ser
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