11 de enero de 2011
Por Miguel TenderoPor Miguel Tendero

El pádel, todo un descubrimiento

Miguel Tendero
viernes 15 de abril de 2011

Ayer estuve jugando a pádel con mi tercero, Alberto Molina. Ninguno de los dos habíamos probado nunca este deporte; somos más de frontón, pero hemos ido cogiéndole el truco y creo que vamos a empezar a jugar más a menudo…

La partida la hemos echado en unas nuevas pistas que han hecho en Albacete. Las hay cubiertas, al aire libre, para dos jugadores, para cuatro… Están chulísimas y como todavía no las habíamos estrenado, el otro día nos fuimos juntos a comprar todo el equipo: raquetas, fundas, pelotas… Alberto me decía que le daba miedo eso de vender la piel del oso antes de cazarlo, pero yo estaba convencido de que nos iba a gustar y se nos iba a dar bien.

Cuando llegamos a las pistas, preguntamos por las reglas del juego al hombre al que había que pagar. El tío flipaba porque nos veía tan equipados que pensaba que éramos casi casi profesionales, ¡pero en realidad no teníamos ni idea de cómo se jugaba… jaja! Al principio nos fijamos en una pareja que teníamos en la pista de al lado que sí que controlaba bastante y de vez en cuando parábamos para verles jugar y ver si aprendíamos algo…

Nuestra partida ha estado bastante igualada y al final hemos jugado bastante bien. Está chulo esto del pádel porque acabas empapado de sudar -que es lo que buscamos los toreros- pero entre tanto disfrutas, lo pasas bien y te echas unas risas. Correr a veces es aburrido y para coger fondo y hacer ejercicio para mantenerte fuerte el pádel es una buena opción.

Habitualmente jugamos al frontón y alguna vez a tenis, pero casi siempre acabas con el brazo, la muñeca y el hombro para tirar, hecho polvo, y eso luego, para entrenar y coger los trastos, no es nada bueno. El pádel es menos sufrido en ese sentido, así que creo que no sólo hemos cazado el oso, si no que vamos a vender su piel sin problemas… ¡jaja!

Por lo demás, ya estoy recuperado completamente de esa mezcla de anginas y laringitis de la que os hablaba el otro día y los Reyes Magos me han dejado una medalla, unas zapatillas, una caja para guardar relojes… y ¡un paquete de Kit-Kat! Eso último es cosa de mi madre, que me lo regala todos los años: como es barato, hace bulto y sabe que me gusta… no falla nunca ¡jaja!

Y cambiando de tema, tengo que contaros una putadilla que me ha pasado en los últimos días. ¡Se me ha roto el iPhone! Lo tenía desde mediados de septiembre, lo recibí justo entre las corridas de Nimes y Albacete, por lo que me ayudó a mantenerme entretenido investigando cómo funcionaba y así pasar un poco menos de miedo.

El caso es que se me cayó el otro día al suelo y se partió la pantalla. Lo he llevado a reparar y me piden ¡170 euros! así que tengo un amigo, Juanra, que va a hacer por mí lo que todo el mundo: hablar con mi compañía, decirle que ha habido otra que me regala uno nuevo si me cambio… Ya sabéis, el truco de siempre. Y lo hace él porque yo, no sé qué pasa, nunca consigo nada. Y no será porque no tenga morro… ¡jaja!

Ahora os dejo, que tiento hoy mismo en lo del Conde de Mayalde y tengo que ir haciendo camino. ¿Recordáis el día que se suspendió el tentadero por viento? Pues hoy lo retomamos. No sé aún con quién toreo y ni cuántas vacas tentaré… Esto suele ser así. Os informaré de todo en unos días…

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