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Lima, 24 de octubre de 2026
Con el primero, justo de fuerzas, Fernando Adrián hizo lo mejor con el capote, el toro tomaba con fuerza las telas incluso haciendo algunos extraños, así lo supo llevar a los medios el matador, con más poder que arte. El castigo en varas fue medido, el toro sirvió en banderillas pero mostró poca fuerza en la muleta, desde las primeras series, sin que la faena trascendiera. Mató el diestro de estocada trasera y un descabello.
El segundo de salida fue soso, sin fijeza ni transmisión. No dijo nada en los primeros tercios. David de Miranda lo toreó con acierto, alargando las embestidas iniciales pero sin obligarlo en dos series limpia de derechazos. Faena de mucho temple, administrando como contador colegiado las fuerzas del toro. Le bajó la mano y el toro respondía con mayor prontitud y recorrido, pero sin esa cuota de transmisión necesaria. Estocada entera pero caída, y tres descabellos.
El tercero abanto, noble y de muchísima clase, fue protestado de salida por su poco juego y fuerza. Tomás Rufo lo entendió muy bien en el último tercio, iniciando por alto, con pases de tanteo sin obligarlo. Lo dejó embestir a su aire, luciendo mucha clase y recorrido que aprovecharía en las tandas posteriores para bajarle la mano y arrancar ovaciones. Por naturales el toro embistió similar, barriendo la arena con el hocico, en una faena que no escaló porque al toro le faltó ese punto de casta necesario para ser de bandera. Rufo destacó por encima, en una faena que tuvo pasajes de gran estética con muletazos largos y templados de toreo fundamental por ambos pitones. Falló con la espada, y su labor fue silenciada.
El cuarto se desplazó pero con la misma combinación de sosería y nobleza que el resto del encierro. El inicio de faena de Fernando Adrián fue soberbio, atornillado en la arena y recetando muletazos por alto de todas las marcas. Con suavidad logró las primeras tandas de derechazos, pero cuando le bajó la mano el animal perdía las manos y todo se diluyó. Media, entera y descabellos. Pitos al astado y silencio para el diestro.
El quinto, manso y suelto, se demoró mucho en fijarse y se le picó mucho y se le banderilleó como se pudo, llegando tardo, mirón y reservón a la muleta. Desarmó a David de Miranda en la primera serie y lo cogió en la segunda, sin consecuencias.Por naturales tampoco tenía faena. Insistió a pesar del inminente peligro. Dejó una estocada desprendida. Silencio.
El último, sin codicia ni transmisión, no permitió nada en los primeros tercios. Tomás Rufo lo lidió ajustado por naturales, extrayendo lo más provechoso de su noble embestida. Estocada baja y pitos para el astado.
Lima (Perú). Sábado, 24 de octubre de 2026. Feria del Señor de los Milagros. Toros de El Capea y Carmen Lorenzo (1º y 4º). Bien presentados, manejables pero faltos de transmisión en general. Fernando Adrián, silencio y silencio; David de Miranda, silencio y silencio; y Tomás Rufo, silencio y silencio. Entrada: Tres cuartos de plaza. Los tres diestros y el "El Niño de la Capea" saludaron antes de la salida del primer toro. De Miranda pasó por la enfermería para que le curaran una herida profunda en el cuero cabelludo, sufrida tras la voltereta.
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