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El tsunami José Tomás

Llegan noticias de las plazas donde ha toreado José Tomás, que demuestran que la operación de márquetin montada...

Llegan noticias de las plazas donde ha toreado José Tomás, que demuestran que la operación de márquetin montada para elevarlo a los altares como torero taquillero tiene sus puntos débiles, puesto que poco antes de comenzar la corrida la reventa vendía localidades a precios inferiores a su costo en taquilla, e incluso que en Huelva, según un internauta indica en esta misma revista, unos trescientos asientos quedaron vacíos. También en Valencia, y de eso puedo dar fe, las entradas en la reventa estaban muy lejos de los precios astronómicos que hacía circular radio macuto. Se llenó, claro que se llenó puesto que la reaparición fue anunciada a bombo y platillo con carácter de autentico acto litúrgico de beatificación.

Sin embargo la psicosis creada a su alrededor pretende hacernos creer que conseguir una localidad para ver al de Galapagar es tarea poco menos que imposible y solo al alcance de los bolsillos poderosos. Y no es totalmente cierto; José Tomás es el torero más taquillero del momento, pero no se están vendiendo entradas de sombra a mil, dos mil o tres mil euros para ir a verlo, como dicen los romances de ciego que cantan sus glorias por las esquinas. Le han montado una fabula de tal magnitud que, aunque hiciera el paseíllo con dos toreros cibernéticos dirigidos por ondas magnéticas, el mito del “tsunami de Galapagar” continuaría creciendo. Y con más beneficio para él, puesto que los Robocops no comen ni beben ni van con mujeres que fuman. Aun así, los sacerdotes de su secta continuarían proclamándolo como el elegido de los dioses que ha venido al mundo para redimir el toreo de esta época.

Que en las corridas colombinas onubenses debiera prescindir de Manzanares, Morante, Castella y Ponce, porque no hay dinero para todos ya que el mito se lleva hasta el manso, eso es “peccata minuta”. Como tampoco le resta lustre ni categoría de figura el imperio férreo que ejerce sobre su imagen, prohibiendo que se emitan más de tres minutos de sus faenas en las televisiones, bajo amenaza de ejercer acciones legales sobre quienes incumplan su imposición.

Bueno pues así y todo, bendito sea José Tomás porque gracias a él se habla y se escribe de toros. E incluso como dicen tan finamente sus excluyentes incondicionales: ¿De que íbamos a vivir los periodistas sin José Tomás?

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El tsunami José Tomás

Paco Mora

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