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La Barcelona que fue

Ha sido la noticia de la buena actuación que ha tenido el catalán de Hospitalet Mario Vilau en Vinaròs, la que me ha provocado la necesidad de volver a incidir una vez más sobre la traición, pura ignominia, que los políticos independentistas (y menos independentistas) han infringido a la fiesta de los toros en Cataluña. Tengo la sensación de que no les ha sido muy costoso (els diners són els diners) lograr que los actores que manejaban el negocio hasta ese momento en tierras tan taurinas, se hayan plegado a sus deseos identitarios, pensamiento que tampoco anda muy lejos dels diners.

A las muchas cualidades que exige el triunfo como torero, este Mario Vilau (también se llamaba Mario el gran Cabré) tendrá que añadirle una fortaleza de carácter especial que le permita orillar sin complejos el ambiente nada favorable a los toros que se ha instalado en una amplia capa de la sociedad catalana en la que no hace tanto los toreros, desde Manolete a José Tomás, pasando por Chamaco y tantos otros, eran personajes idolatrados sin distinción de clases sociales. Afortunadamente todavía queda una gran base/solera de aficionados que solazan sus espíritus acudiendo a las plazas limítrofes de Cataluña, bien sea atravesando la frontera hasta la vecina Francia o en suelo patrio, y además asumen el necesario y justo papel de avalar y seguir a chicos como Mario acompañándole en las actuaciones que va consiguiendo.

Ahora sería justo recordar lo que fue la Cataluña taurina para el toreo, domingo tras domingo, década tras década, este siglo y el pasado, y eso, por mucho que pese, también fueron señas de identidad de la cultura catalana. Lo mejor no era lo mejor si no tenía las bendiciones de aquellos aficionados. Y en ese marco de esplendor taurino, especialmente Barcelona con sus dos plazas, era lanzadera de toreros. En reconocimiento de aquellos tiempos tan interesadamente denostados actualmente en favor de otros intereses muy concretos, la gente del toro (profesionales y aficionados) deberían apoyar sin remilgos a chavales como este Mario Vilau para que el germen de la ilusión por los toros siga creciendo.

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La Barcelona que fue

Pedro Toledano

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