En la Ruta del Toro gaditana el invierno, por regla general, no suele destacarse más allá de otras épocas del año, sin embargo, lo que llevamos del actual está resultando especialmente duro, más si cabe estos últimos días en los que el continuado e inagotable paso de borrascas consecutivas por la zona está dejando una incesante lluvia que, sumada a fuertes vientos, están causando estragos por estas tierras. Llueve sobre mojado.
Hemos hablado con varios ganaderos asentados en la zona y otros han mostrado de manera directa a través de sus perfiles en redes sociales estos adversos efectos. Es el caso, por ejemplo, del hierro de Torrealta, que hace escasos días ya mostraba su preocupación y hacía referencia a estas lluvias: "A estas alturas ya han caído más de 700 litros, el 90 % de la lluvia anual de nuestra zona", publicaban en su perfil. Con los cerrados anegados se han visto obligados a trasladar el ganado, sobre todo los toros reseñados para esta temporada, a cerrados más secos.
Pero uno de los principales problemas es la alimentación. En ello coinciden Santiago Domecq y Juan Gavira, quienes ponen de manifiesto este problema por una doble vertiente: por un lado, la de echar el pienso a los toros, la labor humana que en muchos de los casos resulta difícil por la complejidad de llegar a los comederos ante el estado que presentan los cerrados, barro intenso e incluso escorrentías y caminos cortados que dificultan la accesibilidad, y, por otro lado, el hecho de que el ganado rechaza el pienso mojado y obliga a servirlo en menores cantidades de manera más continuada. Ni los tractores ni todoterrenos pueden acceder y con los caballos la limitación es importante además de tener en cuenta cumplir al menos unas condiciones que garanticen la seguridad en las labores que se puedan llevar a cabo.
En el caso de Santiago Domecq, el ganadero hace un rápido resumen de la situación, que califica de emergencia: "Nuestra finca está en la zona del Parque de los Alcornocales, zona serrana, y tenemos daños de alambrada, animales con cojeras, y aunque hay zonas de abrigo con monte, se vienen avalanchas de tierra también en esas zonas. Ni yo ni los mayores de la zona hemos conocido algo así".
Por su parte, Juan Gavira, menciona además otros agravantes: "Los animales no comen con total tranquilidad en esta situación, y hablamos de los que tenemos más recogidos, los que están en extensivo… olvídate. Son muchos días de agua intensa, acumulada con un trabajo por debajo de lo necesario, no se están corriendo los animales, hay más peleas, más agresivas, muchas a vida o muerte. No se pueden evaluar daños aún. Puedo ir a los tres cerrados que tengo a mano, impensable más allá. Desastre a nivel de bajas, infraestructuras y a nivel de preparación y remate de corridas".
Hay que señalar que son tres ganaderías situadas a diferentes alturas de la Ruta del Toro. La de Santiago Domecq, con la finca Garcisobaco en el término municipal de San José del Valle, el hierro de Gavira, cuya finca Soto de Roma se encuentra al otro extremo, en el término municipal de Los Barrios, y El Toñanejo, de Torrealta, perteneciente a Medina Sidonia, casi en el centro neurálgico de esta ruta.
A ellas, podemos sumar la de Javier Núñez, La Palmosilla, ubicada en terrenos de Tarifa, quien también se manifestaba en sus redes sociales hace unos días recogiendo por un lado lo que ya había dejado la lluvia, concretamente los ríos Jara y Almodóvar en las zonas que lindan su extensión ganadera así como la referencia de la previsión que estos días está confirmándose y en la que ese estimaban unos 200 litros en los primeros diez días de febrero.
Todos consideran el riesgo de las bajas en el ganado, pero igualmente coinciden en la imposibilidad de poder controlar este hecho hasta que las inclemencias meteorológicas no den tregua. El campo está anegado, no puede absorber más, y necesita tiempo para poder evacuar toda el agua caída y por caer estos días. Quizá los principales problemas se puedan resumir en el aspecto alimentario, el remate de aquellas corridas a lidiar en fechas más próximas, que van a verse claramente afectadas y poder repasar el ganado. Todo ello sin perder el optimismo de que puede amainar la situación y estabilizarse. El agua es un bien necesario, pero en exceso los daños son altamente importantes y generan situaciones de clara emergencia.



