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La revolera

Esto está que arde
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Esto está que arde

Ya lo intuíamos días pasados. Esto comienza a moverse con más anticipación que en años anteriores. Los avances del diseño del inicio de la temporada de 2019 no se han hecho esperar. Ramón Valencia tiene ya en mente lo que será el Domingo de Resurrección en La Maestranza. Ha dado cuatro nombres: Morante, El Juli, Manzanares y Roca Rey. Si Morante sigue en su tónica de no dejarse televisar, el madrileño, el alicantino y el peruano formarán el cartel, y si el de La Puebla decide someterse a la exposición de las cámaras hasta puede que el cartel sea de cuatro toreros y ocho toros. La corrida podría ser de Núñez del Cuvillo, de Garcigrande y Domingo Hernández o de Victoriano del Río, salvo que los citados matadores se decidan a protagonizar un romance de valentía con los “victorinos”, los “miuras”, “fuenteymbros”, “alcurrucenes”, “torrestrellas” o algún otro hierro de los denominados duros, eso sí, con sus matices. Lo cual no es muy probable, aunque tampoco imposible. Porque a querer, cualquiera de los que componen el cuarteto es capaz de armarle un lío a un toro de esos hierros por poco que se preste. Sería una buena manera de demostrar que el que es figura de verdad puede con todo lo que salga por los chiqueros. A mí no me cabe ninguna duda. Y además, sería un buen modo de callar muchas bocas. La “movida” con que ha finalizado la temporada de 2018 invita a los “gestos”. En cuanto al “caché”, cualquiera de los miembros del cuarteto es acreedor a la máxima recompensa económica. Eso sí, reconociendo humildemente que no están ellos solos en el toreo y han de dejar algo para los demás.

La temporada próxima se presenta prometedora. Con la imaginación de Simón Casas, y la capacidad organizativa de taurinos como Matilla, Valencia, los Lozano, los Chopera, la comisión de la Casa de Misericordia de Pamplona y la de Bilbao, así como con las ganas de desperezarse de todos ellos para darle un nuevo impulso a la economía empresarial, más acorde con la realidad de una justicia distributiva necesaria en estos tiempos difíciles y cambiantes, se puede esperar cualquier cosa. Buena para el futuro de la Fiesta, que bien necesita salir del sota, caballo y rey en que dormita hace demasiados años.