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La revolera

Falso humanismo animalista
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Falso humanismo animalista

Resultan tan ridículos los grandilocuentes argumentos que utilizan los anti taurinos para intentar acabar con la Fiesta de los Toros, que si no fueran de una ignorante necedad, rayana con la repugnancia, producirían hilaridad. Argumentos inmersos en ese magma falsamente animalista que pone en un altar al perrito de la casa, que se mea y se caga en el ascensor y en el portal y sus dueños se hacen los longuis para no limpiar las gracias de sus animalitos. Animalistas de buen corazón, que miran para otro lado cuando ven pidiendo limosna en una esquina a un niño desnutrido y harapiento o a un hombre condenado al paro forzoso por unos políticos egoístas y ambiciosos, mientras ellos braman contra la crueldad del toreo...

Caritativos y buenísimos seres humanos que no se ven pidiendo a grito pelado por las calles el final de todas las guerras, a las que van a morir los súbditos de cualquier país porque a sus mandatarios les da la gana de decretarlas, las más de las veces para defender los intereses de sus clases privilegiadas. Tampoco luchan a voz en grito contra el hambre que sufren tantos millones de seres humanos en los más diversos países. Ni se muestran beligerantes contra los culpables de que millones de hombres, mujeres y niños tengan que huir de sus pueblos de origen, hacia los más recónditos lugares del mundo, en busca de un mendrugo de pan para no morirse de hambre.

Aquí lo realmente grave es que haya corridas de toros. Eso sí que es inhumano y nocivo para el presente y el futuro de la humanidad. Además, convertir la muerte de la bicorne fiera en una fiesta protagonizada por unos hombres llamados toreros, que se visten de seda y oro y sortean las embestidas de esos animalitos con un trapo rojo, eso sí que es una barbaridad con la que hay que acabar. Que el hombre, en pleno siglo XXI, continúe siendo el lobo del hombre... Eso es perfectamente natural, ¿verdad usted?