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La Pincelada del Director

Dos truenos en Sevilla que fueron tres

Dos truenos en Sevilla que fueron tres

El arranque de la feria ha sido una reivindicación de las figuras. Llenaron la plaza, respondieron a las expectativas y torearon como se debe torear, apasionadamente, cada cual por su palo..., ¿es usted de Morante, de Juli, de Roca?... y digo yo, por qué he de elegir si además queda feria para eso y para más

Llegado abril que este año es mayo, cuestiones eclesiásticas del calendario, ya saben, en el toreo manda Sevilla, su feria, su Maestranza, teatro de los sueños, su Puerta del Príncipe, dos columnas jónicas para sujetar la historia grande del toreo y, sobre todo, una forma distinta de ver toros por mucho que la globalización, el AVE y los vuelos low cost atraigan miles y miles de foráneos en busca de la magia de Serva la Barí, que es como en caló se conoce a la capital hispalense. No hay problema, al contrario, su mestizaje con el tipismo además de enriquecer resulta, le añade su punto. Sigue el mismo color, la misma caló, este año algunos días mayo parecía agosto, las vendedoras de romero en la puerta de la plaza, la buenaventura a cambio de una propina que siempre les parece poco, el agüita fresca, el pícaro, la reventa, no hay mejor señal de vida para el toreo, los paparazzis a la caza de famosos que se concentran en la Puerta del Príncipe donde van a que les vean por mucho que alguno acelere el paso para disimular las ojeras de una mala noche que, en realidad, fue muy buena.

Ni de salón, ni frente a un amigo se puede torear mejor a la verónica. Ni con tanto compás, ni tan poderoso, cada lance era una conquista camino de los medios. Era Morante el seductor, Sevilla rendida, la herencia de Curro más cerca

En ese ambiente este año ya llevamos dos truenos, que en realidad han sido tres. Juli y Roca Rey sobre todas las cosas y un Morante que no se puede olvidar o, como se dice por aquí abajo, no se puede aguantar. Ni de salón, ni frente a un amigo se puede torear mejor a la verónica. Ni con tanto compás, ni tan poderoso, cada lance era una conquista camino de los medios. Ni tan despacioso teniendo en cuenta que hubo lances en los que le pudieron tocar dos avisos. ¿Que eso es una exageración?... bueno, es que estamos en Sevilla y esas cosas pueden pasar, lo de los avisos y desde luego la exageración artística. En cualquier caso lo compro, me gusta. Era Morante el seductor, Sevilla rendida, la herencia de Curro más cerca.

Que el toreo es un arte que admite mil versiones y se puede interpretar con los decálogos de mil disciplinas y todas buenas, es algo evidente. Y luego que cada cual elija. Si Morante fuese capaz de pintar las meninas, en realidad lo hizo, que para eso es de Sevilla, Juli, que viene de Madrid, construyó poco menos que el Escorial en su primera aparición ferial. Su obra tuvo solidez, exactitud de ingeniería, ambición, las dimensiones de una gran obra, nada fue breve ni nada le sobró, y además supuso el aprovechamiento máximo de la materia que le tocó en suerte. Si Juan Herrera ennobleció las piedras berroqueñas, Juli hizo mucho mejor el toro de Garcigrande, el que tuvo.

Si Morante fuese capaz de pintar las meninas, en realidad lo hizo, Juli construyó poco menos que el Escorial en su primera aparición ferial. Su obra tuvo solidez, exactitud de ingeniería, las dimensiones de una gran obra, nada fue breve ni nada le sobró

Y en esas estábamos, paladeando la Puerta del Príncipe de Juli, para algunos excesiva, suele pasar, para la gran mayoría un gozo merecido y más que oportuno para poner el toreo en las primeras páginas de los periódicos y en el prime time de las teles que tanta falta hace, cuando, apenas veinticuatro horas más tarde, llegó Roca, la insurgencia americana, el arte de poner en pie a las masas, reivindicación patria en la madre patria, la catedral de Lima en medio de la Maestranza, Pizarro en el viaje de vuelta, nada parecía imposible, el toro pasaba cerca y todavía más cerca en la siguiente embestida, el público clamaba en pie, brazos al cielo enloquecido, cual si hubiese encontrado el libertador de las atonías artísticas. ¡Quedan prohibidas las treguas, es la guerra! Ni el torero parecía detenerse ni conformarse e insistía, la muleta a ras de tierra, ¡se habrá hecho daño en los nudillos!, ¿por dónde ha pasado el toro?..., ni el público se sentaba ni finalmente le pareció suficiente el premio de las dos orejas que le concedió el presidente y pedía como poseído la concesión del rabo que le hubiese franqueado la Puerta del Príncipe, que es el símbolo de la consagración torera. Si el Domingo de Resurrección le habían puesto un fielato a su ascensión, el viernes le abatieron las fronteras, vía libre.

Paladeando la Puerta del Príncipe de Juli, llegó Roca, la insurgencia americana, el arte de poner en pie a las masas. Si el Domingo de Resurrección le habían puesto un fielato a su ascensión, el viernes le abatieron las fronteras, vía libre

Sucedió en el sexto toro de Cuvillo, cuando empieza a caer la tarde y los vencejos avisan de que se acerca la hora de las casetas. No había pasado gran cosa, la corrida de Cuvillo hasta ese sexto tampoco había sido gran cosa, al contrario, pero ese sexto, un cinqueño, como dibujado, embistió con clase y bravura como no había embestido ningún otro esta feria, ni siquiera al que le dieron la vuelta al ruedo de Garcigrande, solo que en aquel alzamiento de la masa -dicho con el mayor de los respetos- pidiendo el rabo para Roca se les olvidó a todos premiar al toro. Una injusticia o eso me parece.

Por todo ello el arranque de la feria ha sido una reivindicación de las figuras. Llenaron la plaza, respondieron a las expectativas y torearon como se debe torear, apasionadamente, cada cual por su palo, para gustos colores, encendieron la polémica, ¿era de Puerta del Príncipe, era de rabo, qué toro mereció la vuelta al ruedo?... ¿Es usted de Morante, de Juli, de Roca?... y digo yo, por qué he de elegir si además queda feria para eso y para más.