Cuatro de los seis toros de Puerto de San Lorenzo jugados en San Isidro el 18 de mayo han abierto una insólita polémica. La de ver cuál de ellos fue mejor. Los cuatro salieron de impecable cuajo, pero cada cuajo, de una manera. No del todo, en realidad. Los dos primeros, el 65 y el 59, sacaron traza común. Muy lustroso el uno; no tanto el otro. Vareados, sacudidos y voluminosos. En los 550 kilos estuvieron los dos. Con carnes de relleno, por tanto, se habrían salido de las básculas. Eran toros muy grandes. Pero bien rematados los dos. Con su porte soñoliento tan característico. De toros recién despertados.
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