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FALLAS.- BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS

Épica, dolor y esperanza
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(Foto: SCP)

Épica, dolor y esperanza

Era el gran día de Román, la tarde sobre la que debía erigir su campaña y la cimentó bien cimentada. A estas alturas todos saben que Román es mucho más que una sonrisa o, mejor dicho, es la sonrisa de la épica. Y eso, en el toreo, no tiene precio

lunes 12 de marzo de 2018, 12:37h

Román flirteó con el drama. Esa es su apuesta. Y no renuncia. No sería Román. Lo mejor es que la ganó. Objetivo cumplido pues. Salió a ganarla de principio a fin, desde que se abrió de capa hasta la estocada final y no dio un solo paso atrás. Ese es el principio fundamental del toreo del que tantas veces nos olvidamos, no retroceder. Luego paramos, templamos, dejamos que vuelen las musas, la ponemos adelante, la muleta digo, adelante y plana, nos colocamos… eso es así, cierto, pero es muy posible, seguro, que si un tío se planta allí como se plantó Román y deja que el toro pase cerca, cerquísima, sin mudar de color, con los pulsos más que serenos dormidos, retador con el destino… de esa manera no hace falta todo lo anterior para que el personal se emocione y brinque y quiera volver. Es lo que logró Román, lo que no es fácil de lograr, diría que es cuestión de la milagrería si no se tiene un corazón grande, grande, grande como el de Román. El mismo que a punto estuvo de destrozarle un toro.

A toma y daca, usted o yo, así estuvo Román de principio a fin delante del toro de Jandilla, que no fue bueno ni claro ni boyante por mucho que lo pudo parecer cuando el valenciano se le impuso. Ya el arranque fue un monumento a la improvisación y una declaración de intenciones. Se le vino el toro sin darle tiempo a brindar y aprovechando que el Pisuerga, en ese caso sería el Turia el que pasaba por allí, le endilgó cinco estatuarios más firmes y más erguidos que la torre del Miguelete. Senyor coheter pot començar la mascletà y comenzó. Aguantado aquel torrente de embestidas, brindó al respetable, se quedó quieto y le aplicó firmeza, más firmeza y otra dosis de firmeza, de tal manera que el toro comenzó a parecer lo que no era. Nadie reparó si el torero estaba colocado así o asá, no había tiempo, cada muletazo era un ¡uy! el siguiente un ¡ay! en ocasiones hasta un ¡uy! y un ¡ay! muy ligados, también había cierto desgobierno y mucho coraje, lo que siempre acompañó las conquistas y revoluciones y este Román anda en esos menesteres.

El toro nunca se entregó, ni en los derechazos ligados y poderosos que siguieron al espectacular arranque de faena, ni cuando lo toreó al natural, ni en las luquecinas finales, muy arrebujadas, muy al albur de que pase lo que Dios quiera que pase, nunca se entregó el toro negro de Jandilla, en algún momento pudo aflojar, en algún momento. Solo ante el huracán Román pudo contener su agresividad, pero entregarse no se entregó nunca, se lo guardaba hasta que encontró la ocasión. Sucedió en el momento de la suerte suprema. Atacó Román recto y sincero con la espada, como le han dicho mil veces que hay que ir para asegurar el triunfo. Le esperó el toro, no tuvo que hacer gran esfuerzo para prenderle por el pecho, lo zarandeo con saña, le lanzó cornadas por doquier, uno dos, uno dos, con esgrima de boxeador que huele al KO. Cuando Román logró zafarse del toro, la sensación no era la peor. Tenía su color de cara impoluto, sonrosado, cojeaba levemente, el agua milagrosa parecía haberle devuelto la conciencia, el desgarro de la taleguilla que no sangraba anunciaba que la cornada maldita que le había buscado la femoral era un mal sueño. Repuesto y recompuesto, Román cogió la única oreja que el presidente, que no acaba de entender de emociones, le había concedido y dio una galana vuelta al ruedo antes de iniciar el camino de la enfermería donde los doctores decidieron intervenir bajo anestesia general para asegurarse de que los destrozos no eran mayores de lo que la entereza del valiente Román hacía pensar. Al final, ya ven, una cornada en el pecho, que roza órganos vitales, el mismísimo corazón, unas semanas en el dique seco y la obligación de dar gracias a Dios de que estemos contando, él más que nadie, los días que faltan para que vuelva a los ruedos. Sucedió en su gran día, la tarde sobre la que debía erigir su campaña y la cimentó bien cimentada. A estas alturas todos saben que Román es mucho más que una sonrisa o, mejor dicho, es la sonrisa de la épica. Y eso, en el toreo, no tiene precio.

PADILLA, AL ABORDAJE

Contado el argumento principal hay que decir que la tarde se presentó ventosa y por ende poco taurina; que la plaza registró una buena entrada, que las cuadrillas y el respetable guardaron un respetuoso minuto de silencio por el niño Gabriel Cruz y el torero cómico Paco Arévalo; que Padilla brindó su primer toro al bravo Ricardo de Fabra, que por estos días cumple cincuenta años de matador y que su segundo, se lo agradezco de corazón, me lo brindó para celebrar con el amigo su adiós de los ruedos. Lo hizo con cariñosas palabras, que hablaron de lealtad y sentimientos.

El jerezano no se escondió en toda la tarde. Banderilleó sus dos toros con clasicismo y pureza, cuadrando en la cara y reunido; su primera faena tuvo buen planteamiento, sus mejores momentos vinieron con la zurda, el pitón del toro, seguramente el mejor toro de la tarde, pero el viento le obligó a recurrir a la derecha. Su arranque de faena al cuarto, de rodillas, aguantando la codicia repetidora del toro, fue enervante, poderoso, pulso que se inclinó a favor del Pirata, que vio cómo el jandilla rápidamente arriaba la bandera de la rendición y dejaba de embestir. En el sexto, que mató por Román, fue más Padilla y más Pirata que nunca. Le declaró la guerra, se fue al abordaje, colgó los cánones del mástil más alto, y de pie, de rodillas, por aquí y por allá, le arrancó la oreja que lucirá en el cofre de sus recuerdos allá por el Pilar cuando diga el definitivo adiós a los ruedos. En Valencia me despedí cortando una oreja… Suena perfecto. El Fandi, por su parte, no tuvo suerte ni toros y su presencia apenas pudo ir más allá del voluntarismo y los espectaculares pares de banderillas.

CRÓNICA PUBLICADA EN LAS PROVINCIAS EL 12/03/2018