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REPORTAJE CAMPERO

Luis Algarra, tiempo de cosecha
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(Foto: Arjona)

Luis Algarra, tiempo de cosecha

Repasamos la gran camada de la ganadería sevillana de la mano de su representante, Aurora Algarra

Thomas Carlyle dejó para la posteridad una frase que parece hecha para definir a Luis Algarra Polera. Dice así: “Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, solo será cuestión de tiempo recoger sus frutos”. Eso es justo lo que sus hijos Luis y Aurora han hecho con la semilla que su padre sembrase en La Capitana. Una finca ideal para la cría del toro de lidia. A la que ni la pertinaz sequía que asola al campo en este otoño tórrido y seco es capaz de cambiarle la guapura de sus suaves lomas y sus centenarios alcornoques y encinas que ofrecen alimento al ganado, ya sea bravo o porcino.

Aurora Algarra Crehuet nos recibe con la preocupación propia de tantos ganaderos que en estos días miran al cielo esperando a que las nubes por fin dejen ese maná en forma de lluvia más necesaria que nunca en este largo estiaje. Sin tiempo para lamentarse más que lo estrictamente necesario por la sequía, la hallamos inmersa en el trajín de las faenas que tocan en esta época del año. “Aunque es un poco tarde, pero es que terminamos de lidiar en septiembre y luego hemos tenido un saneamiento con lo que ello conlleva de tiempo -matiza- estamos enfundando y desparasitando”. Y añade: “Cuando hacemos esta faena tengo por costumbre ubicar a los toros en cerrados por lotes de ocho, más o menos, que entiendo que son los que pueden caber para tal o cual plaza. De manera que cuando viene la gente a ver las corridas les enseño los lotes conforme a lo que me van pidiendo”.

En una ganadería siempre hay donde mantenerse ocupado. Sobre todo en aquellas, como esta de Luis Algarra Polera, en las que se vive la cría del toro en primera persona, a pie de dehesa y con un amor incondicional. “Es que el toro representa parte de lo que es mi vida. Lo necesito para vivir. Me paso la mayor parte de mi día junto a él. Podría añadir que es una pasión, una vocación. Son tantas cosas...”, confiesa Aurora mirando a los lotes que diseminados motean de color las tierras pardas de La Capitana.

Decíamos al inicio de estas letras que si se siembra con fe y se cuida con perseverancia solo es cuestión de tiempo recoger los frutos. Y no hay más que ver los que está deparando la ganadería que un día soñase Luis Algarra Polera y que en estas últimas temporadas ha visto reverdecer los laureles de una vacada que sembró de bravura no solo las plazas sino a otras muchas ganaderías.

“Partimos de la base de un pedazo de ganadería que nos dejó mi padre. Ese caudal genético estaba ahí y hemos trabajado sobre esa base que es muy fuerte. A la que tal vez podía faltarle fundamentos sobre alimentación o manejo”

“Nosotros partimos de la base de un pedazo de ganadería que nos dejó mi padre. Ese caudal genético estaba ahí y lo que hemos ido haciendo, a lo largo de todos estos años, ha sido trabajar sobre esa base que es muy fuerte. A la que tal vez podía faltarle fundamentos sobre alimentación o manejo, en forma de preparación física del toro, que son los que hemos ido agregando nosotros y que eran ingredientes que antes no eran tan específicos como sí lo son ahora. Esto, junto con esa base que le comento, son las notas que han hecho que la ganadería esté en el estado actual, pero es que mi padre tuvo a su ganadería en un momento al que nosotros no hemos llegado”, rememora con admiración de hija orgullosa del legado paterno.

Sin poner una sola objeción a la declaración que acaba de hacernos Aurora, es también cierto que aún en vida de don Luis la ganadería pasó un pequeño bache. Si no en juego sí al menos en estar anunciada en carteles de plazas importantes en los que antes sí había estado. La ganadera rápidamente matiza: “A ver, no se lidiaba en plazas importantes, pero en cambio sí hubo toros importantes. Quiero hacer esta matización. Recuerdo, por ejemplo, el indulto en octubre de 2005 en Torremolinos del 9-Exótico. Al año siguiente el del 56-Generoso en Morón. Si se fija verá que durante esos años echamos toros muy importantes y ganamos premios de mucho prestigio como el de los Samueles al toro más bravo en Albacete o a la mejor corrida en ferias como las de Huesca o Soria. En Ronda en 2009 lidiamos un corridón con Manzanares, Perera y Cayetano a hombros. Pero no sé por qué no terminábamos de dar ese salto a sitios en los que sonaran más esos triunfos y esos premios. Eso no quitaba que la ganadería llevase una trayectoria muy buena. Pero quizás no era ni el momento, ni el sitio adecuado. Algo faltaba”.

“El año pasado fuimos a Saint-Gilles con una corrida a la que se le dieron dos vueltas al ruedo y hubo una petición de indulto. La que no se formaría allí para que este año nos pidiesen corridas para Mont de Marsan, Dax y Bayona”

Y ese algo lo encontró en dos plazas que ocupan el centro de su corazón: La Maestranza de Sevilla y el coso de la Calle Xàtiva de Valencia. “Empezamos a remontar cuando en 2014 llevamos dos novillos para la encerrona de Lama de Góngora en Sevilla, que son a los que les corta las orejas el entonces novillero. Y cuando ya damos el golpe fuerte es con el famoso Fusilero en Valencia. Ahí es cuando empezamos a remontar hasta alcanzar el momento actual en el que esta temporada hemos lidiado cuatro corridas en plazas de primera. Que es una barbaridad para una ganadería como la nuestra porque nadie nos encasillaba como ganadería de este tipo de plazas”.

De esas cuatro corridas a las que se refiere nuestra protagonista, tres de ellas han tenido su base en Francia. ¿Cuáles han sido sus sensaciones?: “Yo tenía unas ganas tremendas de lidiar en Francia porque sabía que nuestro toro, por cómo estaba funcionando, iba a ser muy de su gusto al ser bravísimo para el caballo. Estaba deseando entrar en el país vecino. Por suerte, el año pasado fuimos a Saint-Gilles con una corrida a la que se le dieron dos vueltas al ruedo y hubo una petición de indulto. La que no se formaría allí -dice emocionada- para que este año nos pidiesen corridas para Mont de Marsan, Dax y Bayona, que son tres plazas de primera. Fue un pedazo de apuesta”.

La otra de primera ha sido la de Valencia. Sin lugar a duda la plaza talismán para esta familia ganadera sevillana, tal como reconoce Aurora: “Le debemos muchísimo a Valencia porque a raíz de Fusilero, que fue premio al mejor toro en 2016, han llegado otros trofeos como el de mejor corrida al año siguiente, y los de mejor corrida y mejor toro en 2018 y 2019. Creo que son ya cuatro años consecutivos llevándonos premios o al mejor toro o a la mejor corrida o ambos a la vez. Pero es que además este año en los premios de la Diputación puntuaron varios toros de la misma corrida. Este dato nos puede hacer una idea de cómo fue la corrida. Año a año vamos superándonos, con una intensidad de emociones que son momentos únicos. Esto es como un sueño que te provoca una enorme responsabilidad porque a ver cómo superas al siguiente lo del anterior. Y es verdad que cada temporada la responsabilidad aumenta porque el público está acostumbrado a ver un espectáculo de corrida. Ojalá que sigamos así mucho tiempo, pero soy consciente de que habrá un momento en que no salga de esa manera porque, por desgracia, en la cría del toro la suma dos más dos no siempre da cuatro”.

“El toro representa parte de lo que es mi vida. Lo necesito para vivir. Me paso la mayor parte de mi día junto a él. Podría añadir que es una pasión, una vocación. Son tantas cosas...”

Es verdad que esa suma no siempre da el resultado exacto, pero cuando se hacen las cosas con criterio y afición es más sencillo que el resultado si no da exacto al menos se le queda muy cerca. Y en esta casa la regularidad tiene unos sumandos muy definidos: la dulzura de la clase y el picante de la bravura. Que son los ingredientes en los que lleva incidiendo Aurora desde que tomase las riendas de la ganadería. “La gente que va a la plaza no se puede aburrir y tiene que ver que lo que está haciendo el torero, que es jugarse la vida, no lo puede hacer cualquiera. A eso le sumas que a mí me encanta ver cómo el toro se arranca al caballo en el tercio de varas. Por eso yo quiero criar un toro con clase encastado, que es un término que me parece muy acertado para mi toro. Busco ese animal con clase y ritmo que transmita y conecte con la gente, pero que tenga ese puntito de casta para que nadie se aburra. Y en esa búsqueda estamos inmersos, en la de un animal que tenga clase, profundidad, prontitud. Hoy día ese es el toro que se demanda y hay que adaptarnos para tenerlo”.

El futuro, en buenas manos

“Tengo la suerte de que la ganadería va a tener continuidad”. Aurora Algarra se muestra así de orgullosa cuando habla de su familia y del futuro. “Actualmente al frente de ella estamos mi hermano Luis y yo. Él es soltero y por tanto los continuadores tienen que ser mis cinco hijos”. Cabe preguntar si todos tienen el gen ganadero familiar. “Sí, todos contribuyen de una u otra manera. Mi hija Marta, que es la tercera, es quizás la que está más metida en el ambiente, pero mi chico si, por ejemplo, hay que apartar unos toros está siempre dispuesto a montarse en un caballo y apartarlos, tanto aquí como en la ganadería de mi marido. Si de algo estaba seguro mi padre era que su sueño iba a tener continuidad en mis hijas porque las veía muy aficionadas. Y yo, la verdad, si estoy trabajando tanto en algo que fue fundamental en la vida de mi padre es precisamente porque veo inclinación en ese proyecto que fue su vocación y quiero que mis hijos continúen con lo que ya forma parte de sus vidas”.

Aurora continúa hablando de su pasión. Y lo hace, como no puede ser de otra manera, de forma apasionada: “Al toro de ahora se le está exigiendo una barbaridad: que no doble una mano, que vaya un par de veces al caballo cuando se lidia en plazas de primera, los quites, un montón de capotazos para ponerlo en suerte para banderillas... y súmele ese torero que con la muleta les exige una barbaridad por abajo durante diez minutos como mínimo, porque hoy rara es la faena en la que no suena un aviso. Estamos pidiendo que un animal se convierta en una máquina. Para que eso se dé tienes que ser muy exigente con las becerras en el tentadero para conseguir todo lo que se está buscando actualmente en la embestida de sus hijos”.

Llegados a este punto toca averiguar cómo se trabaja en el laboratorio de La Capitana. “Requiere conocimientos, eso es obvio, pero tampoco sale siempre como uno lo tiene en su cabeza. Es verdad que nosotros hemos completado un pedazo de temporada, pero estoy ya muerta de miedo pensando en la del año que viene. Porque cada vez es algo nuevo. Vamos probando toros y tienes que ir adivinando por lo que le has visto en erales, en becerras. Lo bueno, como decía mi padre, es mantener una regularidad. En cada corrida abrimos mucho el abanico de los sementales, llevamos de cuatro a cinco distintos. En la selección de las vacas se les da de cuatro a cinco puyazos y se les exige que aguanten mucho en la muleta para ver su durabilidad. Solo se dejan aquellas que sus embestidas son mejores al final que al principio. Luego, yo me fijo mucho en el comportamiento que tienen los animales en el campo. Hay que fijarse en ochenta mil cosas en el día a día”, revela.

“Le debemos muchísimo a Valencia porque a raíz de Fusilero han llegado otros trofeos. Creo que son ya cuatro años consecutivos llevándonos premios”

Manejar y saber computar todos esos parámetros conlleva un montón de horas de pensar exclusivamente en el toro. Algo que para Aurora Algarra no es ninguna carga como se desprende de sus palabras. “Cuando algo te gusta, lo haces sin percatarte del tiempo que le dedicas. Hay veces que mi hija me dice: “mamá, por Dios, desconecta ya” porque me paso horas y horas hablando de lo mismo. Y me pasa también que soy muy exigente y muy “agonía” y como esto es tan lento, que tienes que esperar cuatro años para ver los resultados, hay veces que me desespero”.

Señal de que los resultados, aunque haya que esperar esos cuatro años de rigor, están saliendo tal como los orquesta en su cabeza es que las principales figuras cada vez piden más los toros de la divisa morada y blanca. “Estoy superagradecida”, confiesa. “Ha sido una pena que Roca Rey haya estado accidentado tantos meses porque prácticamente nos iba a matar casi toda la camada. Lo mismo que estoy muy agradecida a Manzanares, Miguel Ángel Perera, Pablo Aguado, Enrique Ponce, Paco Ureña... Esta temporada, salvo Juli y Morante, el resto de las figuras me han toreado toros. Eso aún te exige mucho más trabajo y responsabilidad”.

Hablando de responsabilidad. Tras el Rubicón de lidiar en cuatro plazas de primera, todo parece indicar que en lontananza se divisen cotas mayores. La ganadera resopla cuando nombramos Las Ventas. “Tienen que encajar muchas piezas: que le guste la corrida a la empresa, que tengamos animales suficientes para ir con garantías. A ver si somos capaces de sacar toros para esa cita. En eso estamos trabajando. Esa es otra selección, la de buscar sementales con mucha más cara. Todo eso es lento, pero en ello estamos”, afirma responsabilizada.

“Quiero criar un toro con clase encastado, que es un término que me parece muy acertado para mi toro. Busco ese animal con clase y ritmo que transmita y conecte con la gente, pero que tenga ese puntito de casta para que nadie se aburra”

-¿Y Sevilla?

-Es un sueño que no sé cuándo se podrá cumplir porque solo de oír nombrarla me pongo nerviosa -se muerde el labio inferior-. Sevilla es mi plaza, pero cada vez veo más difícil ir. Que te embista un toro en ese pedazo de ruedo, ¡madre mía! Me da mucho susto ir y prefiero anunciarme en otro tipo de plazas y ver mi Feria de Abril desde el palquito sin pasar ese mal rato. Me encantaría lidiar en Sevilla, no lo niego, pero se nos tiene que dar una serie de circunstancias que me inviten a despejar ese miedo que me da”. ¿Por ejemplo? “Mire, estadísticamente, a nosotros nos embisten más toros a partir de junio que a principios de temporada, a no ser que los tenga de cinqueños. Por lo que por ahora, a corto plazo, toca seguir trabajando porque Sevilla es Sevilla y lo veo un poco lejano aunque la empresa está interesada en que vayamos y se lo agradezco”. Seguro que el día que dé el paso lo hará con tanta firmeza que será todo un éxito. Tiempo al tiempo.

Fotos: ARJONA

La Capitana, puertas abiertas

Hasta no hace mucho tiempo, las ganaderías eran coto cerrado solo al alcance de algunos privilegiados que eran invitados a admirar el paraíso en que habitan los toros de lidia. Hoy día, cada vez son más las casas ganaderas que abren sus puertas para que el público pueda ver cómo es la cría del rey de los animales que pueblan la dehesa. La Capitana es una de esas fincas que ofrecen la experiencia de convivir con el toro y su entorno. “Gracias a esa labor que muchos ganaderos estamos haciendo, trasladamos al mundo entero el patrimonio cultural que es una ganadería brava. Recibimos a personas que vienen de todos los rincones del planeta. Esa difusión es muy importante, a pesar de ser también trabajosa porque involucramos a todo el personal de la casa y los días de turismo casi que no podemos hacer otra cosa”, confiesa Aurora. Se le nota satisfecha y orgullosa con el proyecto que han emprendido. “La sensación es que quienes vienen a La Capitana se van con una percepción distinta a la que traían. Cuando la gente conoce al animal en su hábitat y cómo lo mimamos cambia su chip en positivo”. ¿De qué manera se puede vivir esa experiencia? “Aquellos aficionados que quieran acompañarnos lo pueden hacer a través de nuestra web. Mi hija Conchita es la que lleva este tema en el que hemos cuidado mucho todos los detalles”.