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Desde el Arenal

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En el desasosiego que nos invade por lo que pueda venir ante tantos problemas encadenados contra nuestra Fiesta, porque la Administración que llega no le va a dar nada a los toros, sería bueno hacerse una pregunta: ¿qué es lo mejor para la Fiesta? Ahora cada uno pondrá sobre la mesa una batería de propuestas que incluso pueden llegar a ser contradictorias. En mi caso, pienso que lo mejor para la tauromaquia es que la gente acuda con ilusión a las plazas de toros. Es fundamental que los tendidos aparezcan reventados por un público ansioso de presenciar un gran espectáculo. Contra la desidia, el desinterés y la atonía, el mejor antídoto son las plazas llenas hasta la bandera.

Es cierto que no hay nada más incierto que una corrida de toros. Nadie puede aventurar el triunfo de los toros y los toreros de antemano. Sin embargo, con este detalle siempre presente, todos tenemos la obligación de procurar que los festejos sean grandes acontecimientos. Se ha tratado de centrar el futuro en el toro, los toreros y el público. Muchos aficionados exigen un toro más agresivo. Y es posible que lleven razón, aunque esa mayor fiereza no sea la expresión de lo que de verdad importa en el toro, que es la bravura encastada. Estoy convencido de que es más difícil estar delante de un toro bravo de una ganadería de las llamadas comerciales, que de otros toros de ganaderías encasilladas como duras. Pero que conste que ambos tipos de ganado son necesarios.

En muchos ámbitos se les pide a las figuras que lidien corridas distintas a las que frecuentan. Cuando lo hacen se canta como un gesto, pero en la baraja a la que se enfrentan en una temporada deberían figurar todo tipo de encastes. Las figuras no son responsables de los males de la Fiesta, pero hay que exigirles un mayor compromiso eligiendo hierros.

Quedan otros dos análisis, el del público y el del entramado empresarial. Incluso el de la prensa, pero ello será otro día. Vuelvo a insistir en que el público necesita grandes emociones, que pueden llegar tanto en las corridas de las figuras como en otras con un ganado duro y exigente. Así se llenarán las plazas, que es el mejor referéndum que precisa el toreo.