BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS

Roca Rey y Ureña marcaron el top de Fallas

José Luis Benlloch
domingo 24 de marzo de 2024
Ejemplares de Jandilla, Montalvo, Juan Pedro y Fuente Ymbro fueron la cima ganadera

Fallas 2024. Buena feria. Buena y oportuna en tanto en cuanto llegó en un momento crucial, cuando más se necesitaba de la ilusión general, cuando más urgente se hacía mostrar músculo social ante el frentismo de la administración central y los intereses animalistas que no entienden de tolerancia y respeto a las ideas ajenas. Y ante eso no hay peor enemigo, ni siquiera los propios Urtasun y cía, que el desencanto, y no lo hubo. Primeras expectativas cumplidas pues. El fatalismo que suele seguir a los acontecimientos taurinos más esperados saltó por los aires muy pronto. La gente, 90.000 clientes nada menos, fue a la plaza con ilusión y entusiasmo, y salió de la plaza con el entusiasmo intacto y la pasión encendida a excepción de los sarpullidos mínimos importados a semejanza de Madrid, que la felicidad unánime no es cosa del toreo.

Nadie pudo dar la tarde por perdida, todos los días pasaron cosas de interés o de mucho interés, eso se apreciaba al salir: los había satisfechos, menos satisfechos, felices, académicos discrepantes y pocos o ningún indiferente. Cosas de los toros. Te contaban la faena de Roca Rey, si había toreado así o asá, si era más torero de lo que le reconocen los academicistas, si se había ido a la puerta de chiqueros cuando ya tenía la puerta grande asegurada, si se lo había pasado de esta forma o de otra, y es que lo del peruano fue un auténtico trueno transmutado en todo un suceso con repercusión en las taquillas, dos llenos de “No hay billetes” seguidos no lo recordaban ni los más viejos del lugar y lo más importante, la expectación se vio correspondida; en el cierre se paladeaba la faena de Ureña, la otra cumbre ferial, fue de una pureza telúrica, de las que te agarran por el pecho y no te sueltan de tal forma que días después sigue ocupando el corazón de los amantes del clasicismo y la verdad, y es que no se puede torear con más pureza; hablaban y se sigue hablando, lo fetén perdura, de los lances densos y dormidos de Morante y de los de Ortega que aunque más sutiles no fueron menos buenos; de los bemoles de Borja, que toreó anclado, atalonado, muy agarrado al suelo, en realidad como hay que torear para romper las cadenas del ostracismo.

Otra de los sucesos a valorar era el subidón y la resistencia de Nek en tarde en la que la comparativa con el maestro Morante además de lujo era arma de lo más temible y en la misma clave valenciana del heroísmo de Román, cuyo triunfo era el triunfo de todos, que ya se sabe que Román en esta tierra es un poco de todos. Y no quisiera caer en la desconsideración con El Fandi, una puerta grande por decisión popular no es cosa a despreciar por mucho que sus formas gusten más o gusten menos. Y me gustaría rescatar los nombres de Zulueta, de Peñaranda, de Navalón, Jarocho, de Donaire… alevines que dieron la talla y sacaron nota en las novilladas, de los que algún día presumiremos, yo ya lo vi aquellas Fallas y bla, bla, bla. Ahora toca esperarles que un torero no se hace de un día para otro, aunque camarón que se duerme… ruina. Cosas del toreo.

GRANDES TOROS

Si eso resume el balance positivo de la gente de luces, en el milagroso mundo del bravo la cosa rayó a excelente nivel. Magnífica la corrida de Montalvo, brava y seria, no admitía niñerías ni aspavientos, fueron de los que te daban todo cuando tú se lo dabas, con un porcentaje de toros embistiendo, tres, cuatro, que en ese nivel de bravura es importante y nada frecuente; buena, con nivel, la esperada y deseada corrida de Jandilla con un toro desbordante de bravura y nobleza con todo lo que ello implica -alegre de salida, pronto, noble, vibrante, por los dos pitones, de impactante belleza hasta en la forma de morir en la mismísima boca de riego, donde resisten los auténticamente bravos- al que le arrebataron la vida vaya usted a saber por qué designio de los cielos o quizá fuese simplemente fruto de una quimera personalista, cesarismo, un yo sé más que la gran mayoría, que es una forma cualquiera de frustrar el esfuerzo ganadero; toros de categoría y bravura envió igualmente Juan Pedro, el primero de Cayetano, fue lo que se dice un pedazo de toro, hay que decirlo bien alto porque es la verdad y por las veces que hay que lamentar los excesos de edulcoración de tan torera divisa; bravo, imponente en su comportamiento, exigente en los retos de tal forma que le hacías el toreo con firmeza y por abajo o era batalla perdida, así fue el toro de Fuente Ymbro que se trajo Román y de mucha categoría y completa la novillada del mismo hierro.

Por todo ello hay que hablar de balance milagroso de un sector que vive en la cuerda floja de la incomprensión, en realidad vive de milagro, no es fácil ni que se junten los dioses de la bravura en esa proporción en una misma feria, ni que los ganaderos resistan tantas embestidas, de la naturaleza, de la administración y del resto de protagonistas de la fiesta.

POCOS SOBRESALTOS

Por lo demás la feria avanzó sin grandes sobresaltos y si los hubo en las ya legendarias guerras mañaneras de corrales, no trascendieron en exceso y las corridas que saltaban al ruedo tuvieron escasas bacalás; nota destacada fue el incremento de gente joven en los tendidos, algo así como la esperada reacción a los modelos autoritarios que nos invaden; pónganle otra buena nota a la promoción de la feria, aquello del buen paño en el arca se vende es puro arcaísmo; valorar igualmente la presencia de la clase política que acudió en masa, lo que además de noticia es detalle que se agradece en la medida que suponga respaldo del toreo más allá de pose; y en la hora de la verdad del día a día se mantuvo, se apreciaba, un forzado e innecesario pulso por imponer un perfil que nada tiene que ver con la personalidad de la plaza, tarea en la que se debería distinguir entre rigor y ocurrencias importadas de cursillos… En realidad, buena feria.

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