La pincelada del director

Un amigo colgado del destino

José Luis Benlloch
lunes 24 de mayo de 2010

La semana, yo diría que el año, ha estado marcado por la cornada de Julio Aparicio. No me gustaría recrearme en la suerte y ver más el maldito pitón asomando por la boca del torero. ¡Qué horror!… Entiendo el interés periodístico, el qué, el cómo, el cuándo y el dónde, lo espectacular de la imagen, el que se llame Aparicio, lo que pesa en ese tipo de cuestiones que suceda en plazas como Madrid en pleno San Isidro, lo que llevamos detrás con los anti zahiriendo y hasta brindando por las desgracias, me consta lo que puede ayudar a la hora de reivindicar la autenticidad de esta Fiesta hecha drama la dichosa foto y los desgarradores partes, pero no quisiera hacer abuso de esa imagen ni siquiera de la tragedia, prefiero comenzar a señalar hacia el optimismo, a acordarme de lo bien que toreó Julio la víspera de la desgracia en Nimes, de lo atractivo que para el toreo es que haya matadores de escuela como Julio, de los plazos que le ponen o se pone para volver a torear, de la conveniencia de mirar hacia adelante, del valor de los compañeros que vieron la imagen del maldito pitón asomando y tuvieron bemoles para calzarse horas después las taleguillas y arrancar un paseíllo en cualquier parte del mundo.

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