Llevo un tiempo dedicado a hablar con otros perseguidos. Cazadores, pescadores... incluso gentes de la cetrería. Estos me han animado a hablar con agricultores, pequeños ganaderos, pequeños productores de leche, de carne… He comenzado a tratarlos desde la sensatez de no preguntarles si les gusta esto del toreo. Lo he hecho teniendo en cuenta que ellos no me preguntan si bebo leche o si me gusta cazar o pescar. Hemos hablado de un máximo común denominador que nos une. Hoy, aún puedo ir a los toros. Creo que en unas décadas, mis hijos casi no podrán y, estoy absolutamente convencido de que mis nietos ni siquiera tendrán esa opción.
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