Aplausos
7 de diciembre de 2019, 7:45:22
Reportajes

ENCUENTROS CON... FIDEL SAN ROMÁN; POR JOSÉ LUIS BENLLOCH


El Ventorrillo, a la caza de un nuevo Cervato

Por José Luis Benlloch

Cervato es una referencia de bravura en El Ventorrillo y en la historia del toreo reciente. Un toro de consagración que además de bravo tuvo la suerte necesaria de encontrarse con un torero poderoso e inspirado, Talavante. Ni qué decir que Talavante se consagró ese día, lo sabe el planeta entero, y ambos, torero y toro, pasaron a ocupar sitio de honor en el Olimpo del toreo. Desde entonces en El Ventorrillo o, para ser más exactos, en Robledo de los Osillos, tengo la sensación de que se persigue ese modelo de toro. No es una mala idea, todo lo contrario. Teniendo en cuenta la personalidad de ese territorio, el reto del ganadero bien se podría titular: ¡A la caza del Cervato! Para este año en sus cercados hay preparadas seis corridas de toros, dos novilladas con picadores y cuatro o cinco funciones de erales. ¿Aparecerá el nuevo Cervato?... Sería un gozo para todos.


Un caballo cruzado echao p´alante como dicen los hombres del campo cuando están casi domaos pero no terminaos, piafa en un cerrado chico; un lote de toros, ya remataos, comen bellotas, un lujazo, en el cercado de al lado, a mí me gusta el sardo, susurro, y como si adivinase el piropo deja escapar un berreíto de bravo a modo de agradecimiento; la voz del conocedor pone calma en ese lenguaje que solo da la complicidad diaria entre el toro y el hombre; un grupo de urbanitas apelotonados en el cuatro por cuatro, diría que extasiados, abren/abrimos los ojos queriendo sorber el momento… ese es el cuadro ambiental en una tarde templada del otoño toledano. Estamos en Robledo de los Osillos dándole una vuelta a los toros de El Ventorrillo. Por la mañana ha habido tentadero. Tres vacas importantes, que no quiere decir fáciles. Eso, la facilidad, me advierten, no entra en la filosofía de la casa, que tiene una definición clara y concreta de su objetivo de bravura que me han transmitido apenas he cogido papel y lápiz. ¡Que se muevan, nosotros queremos que se muevan! y vaya si se movieron… ¡Y que quieran coger los trastos!, remataron… y también los quisieron coger. Y cuando les pedí que eligieran entre pólvora o templanza, insistió el ganadero, Todo, que se muevan y que quieran coger los trastos… Pólvora y temple, pues. Es fundamental que no aburran, si el personal se aburre, estamos perdidos. Eso es lo que le gusta al jefe, remata el conocedor. Pues más claro agua. Ángel Teruel anduvo fácil y elegante, muy torero como ya apenas se ve, como obliga el apellido y su situación profesional actual de la que está empeñado en escapar; mi compañero Jorge Casals, más arrancado o, mejor dicho, más quieto de lo que le obliga su oficio, hizo la tapia con nivel de aspirante serio; yo por mi parte me morí de envidia con las manos en los bolsillos, viéndoles dar capa. El DNI tiene la culpa, me consuelo a mí mismo.

Era un viejo compromiso no cumplido por mi parte. Un reportaje en El Ventorrillo, a donde no volvía desde los tiempos del gran Paco Medina que cada año, cuando llegaba el festival de los periodistas, me encerraba un puñado de becerras y charlábamos sin parar y sin freno hasta arreglar, eso creíamos, el mundo del toro. Aquellos encuentros eran en El Ventorrillo, la finca que le daba nombre a la ganadería y luego veníamos a Robledo a ver los toros, donde hemos quedado con el nuevo propietario, Fidel San Román. Una monumental plaza de tientas es el cambio más visible. El otro es la pausa personal del ganadero actual frente a la oratoria vital y eufórica del anterior. Y si hay que buscarles algún punto de encuentro, quizá sería que ambos coronaron sus exitosas carreras profesionales con la condición/ascenso a ganaderos de bravo, espacio en el que siguieron cosechando éxitos. Buenos días, encantado… Igualmente… Bienvenidos… Bien hallados… Primero tentamos y luego veis los toros… Perfecto. Y comenzó el reportaje.

En Robledo de los Osillos conviven dos modelos de bravura bajo los auspicios y la afición de Fidel San Román, los domecq de El Ventorrillo y los villamarta que llegaron desde la casa Guardiola

Robledo de los Osillos son ochocientas cincuenta hectáreas en el término de Los Yébenes, que dan albergue a doscientas vacas de origen Domecq, por la vía de Paco Medina, y a un lote de treinta villamartonas que llegaron con el hierro de Guardiola Domínguez. Finca típica de la zona. Estamos en los Montes de Toledo, con un clima continental. “Muy cambiante, muy fría llegado el invierno y muy caliente en verano”, me cuenta el conocedor, que llegó de las cálidas tierras de la vega del Guadalquivir y tuvo que adaptarse a este otro mundo. Adaptarse o tiritar. Robledo, que está rodeada de grandes fincas de caza, ella misma lo es, está perfectamente arreglada para separar el bravo de la mala influencia cinegética que tanto le perjudica como transmisor de enfermedades. Perfectamente vallada, sellada para ser más exactos, contra los animales montunos, los nuevos propietarios, además, eliminaron las charcas originales que había cuando llegaron y todos los cercados tienen ahora bebederos de agua limpia del mismo pozo que la manda a la casa para el consumo de las personas.

-Aquí, donde el bravo, no entran ni los zorros, me advierten.

¡Que se muevan, nosotros queremos que se muevan! y vaya si se movieron… ¡Y que quieran coger los trastos! remataron… y también los quisieron coger. Y cuando les pedí que eligieran entre pólvora o templanza, insistieron. Todo, que se muevan y que quieran coger los trastos… Pólvora y temple es el objetivo

Una planicie o raña a piedemonte compone una buena dehesa. Las encinas y los quejigos proporcionan bellotas de calidad y buen techo para los días en los que la climatología se encabrita o se extrema, como dice el conocedor. Sabido es que para parar el frío y para parar el calor, el cobijo de una buena encina es puro lujo.

Ni a la plaza ni al palco le falta de nada. Dimensiones para lidiar una corrida de toros, callejón para moverse con comodidad y buen suelo, ni un bache, ni duro ni blando, y perfecta funcionalidad para el manejo.

Al palco no le cabe más lujo. Ni más referencias a las dos pasiones del ganadero: las piezas más importantes que cobró como cazador por todo el mundo y las cabezas de los toros más importantes que lidió por todas las plazas. El león, o mejor, los leones, el rinoceronte, el venao, el muflón… medallas y más medallas, pero me quedo con el muro de los toros célebres de la casa. Allí están Cervato, el sardo que entró en la leyenda de la mano de Talavante, que le cortó dos orejas en el San Isidro de 2011 y supuso la puerta grande para el extremeño, que para entonces ya mantenía una relación de éxito con la divisa iniciada con dos faenas a sendos novillos de esta casa en el mismo Madrid, en el San Isidro de 2006, que a la postre fue el primer alegrón del nuevo ganadero; están también Botijito e Ilusión, los dos toros de Juli de la tarde de la Puerta del Príncipe de 2010; está la cabeza de Sufridor, un toro de capa atigrada al que Ponce le cortó dos orejas en San Sebastián en 2008. Un toro, este de pelo melocotón, que toreó Manzanares, reza la placa, en el mismo Illumbe que se llevó todos los premios. No está porque lo tiene el maestro de Chiva en su casa, el toro Histrión al que el valenciano le cortó dos orejas nada menos que en Bilbao. He distinguido también en ese muro del honor el toro del encaste villamarta al que desorejó Pablo Hermoso de Mendoza en Madrid y así hasta al menos tres docenas de testas ilustres entre las que me falta la cabeza de Hilandero, el novillo que se llevó el premio al mejor de la Feria de Julio de 2015.

La compra de El Ventorrillo fue uno de los tratos más aireados de su tiempo. Te vendo la finca y la ganadería… planteó Paco. Y yo te la compro, ponle precio… respondió Fidel. Dos mil millones de pesetas… La cifra no asustó a nadie, como confirma la respuesta inmediata. Mía es

Hasta no hace mucho, en Robledo tenían como vecinos de bravo a Laurentino Carrascosa y Peñato, que lo han quitado, así que ahora los más próximos son los de Alcurrucén. El resto son grandes fincas de caza, Los Quintos de Mora, que es del Estado, Las Navas de Juan Avelló, el Robledo de la familia Ibarra… no por nada se considera a la zona como la meca de la caza.

DOS GANADERÍAS Y UNA PLAZA

Un ventanal espectacular abre la panorámica de la plaza de tientas. Hoy, que aprieta la rasca, el ganadero se ha quedado al resguardo de sus cristaleras desde donde tiene un dominio total de la situación y manda con discreción. Aprovechamos los momentos previos para charlar. Habla quedo, pausado, cortés en las respuestas, que acompaña de una sonrisa, con las palabras justas, tanto que parece que las mida, supongo que la vida le ha enseñado esa prudencia, diría tanteo inicial con quien acaba de conocer.

-De negocio esto no tiene nada. Es pura satisfacción. Afición que se dice, ya sabes.

-Eso en quien ha sido un importante hombre de negocios adquiere especial significación, debe tener mucho de culminación personal, algo así como y ahora porque sí, porque me apetece…

-Tuve la ilusión de tener una plaza y tuve Madrid… e incorporé a José Antonio Chopera…, me relata. Y luego compré la ganadería.

Primero adquirió de Guardiola Domínguez, con la que pronto comprobó que sería difícil transitar por las ferias de postín. Y con ese objetivo, las ferias, se planteó la adquisición de El Ventorrillo, que estaba teniendo grandes triunfos en aquel momento. La operación estuvo acompañada de un trato que tuvo gran repercusión en el mundillo por las cifras y por los términos en los que se produjo. Comían un buen día Paco Medina y Fidel San Román con el telón de los toros como fondo, así me lo contó el primero para el libro Paraísos del Toro, cuando en una sobremesa surgió el chispazo. Nunca se sabrá con certeza quién de los dos llevó la conversación a ese punto, aunque teniendo en cuenta el talante comercial de ambos estoy seguro de que nadie rehuyó el compromiso, mejor aún, lo buscaron y lo disfrutaron:

-Te vendo la finca y la ganadería…, planteó Paco. Y yo te la compro, ponle precio…, respondió Fidel. Dos mil millones de pesetas… La cifra no asustó a nadie como confirma la respuesta inmediata. Mía es…

Fidel San Román: ¿Si sufro mucho en la plaza cuando lidio?... Aguanto bien, asegura Fidel. Hay problemas mayores en la vida para sufrir. Disfrutar sí disfruto, cuando hay ocasión, claro

Fidel confirma que palabra arriba o abajo ese fue el trato. En el ambiente, en la leyenda, siempre quedó la duda de qué hubiese pasado si en lugar de los dos mil se hubiese puesto unos cuantos kilos más de aquellas pesetas. Mucho me temo que a Paco también le rondó por la cabeza durante un tiempo esa cuestión. Así que se lo pregunté al comprador… ¿Si hubiese puesto cien más qué hubiese pasado?... ¿Se hubiese cerrado el trato?...

-Bueno, no sé…, fue la respuesta acompañada de una sonrisa socarrona que siguió dejando la duda en el aire. De la finca de El Ventorrillo a la de Robledo, apenas diez kilómetros, salieron todo seguido las vacas en camiones. Teniendo en cuenta que los toros ya estaban allí se puede decir que se llevó la ganadería completa.

-Le regalé las eralas para que siguiese siendo ganadero como era su deseo.

Pronto llegaron los triunfos de la divisa en Dax, San Sebastián, Bilbao… En Pedro Muñoz, Talavante, ese mismo verano, cortó un rabo, el primero como matador, en una prueba más del idilio que comenzó en Madrid con el novillo de su lanzamiento. El archivo de Aplausos asegura que El Ventorrillo mandó dos toros para completar la corrida de Barral y al primero, Fino, le cortó dos orejas, y al que cerraba plaza fue el extremeño quien le quitó el jopo, que es como los castizos llaman al rabo. Más tarde llegó el éxito de Cervato, que ya había nacido con los nuevos ganaderos, en lo que fue una de las satisfacciones definitivas y la demostración, por si alguien tenía dudas, de que no solo había comprado bueno sino que lo manejaba con buen tino.

-¿Sufre mucho en la plaza cuando lidia?, le pregunto.

-Aguanto bien. Hay problemas mayores en la vida para sufrir, zanja.

-¿Entonces disfruta?..., con esa postura…

-Disfrutar sí disfruto cuando hay ocasión.

Y comenzó el tentadero. Las vacas embisten con temperamento, con importancia que se dice ahora, el picador, en este caso el conocedor de la casa, se agarra con ellas con una maestría que llama la atención, siempre arriba, tan puntual que levanta oles y parabienes de los presentes. Les da fuerte, “según cómo la vea”, me explicaría después. “Si la becerra tiene cosas buenas, la mido”, si no, les da con buen brazo para ir restándole defectos y para que moleste lo menos posible. Ambos extremos los pudimos comprobar. Al final, la última palabra la tiene don Fidel. Enrique le da su opinión, que suelen coincidir, pero… “la decisión definitiva es del jefe”. Él es el otro personaje de esta historia, Enrique Sánchez, con el que Fidel San Román comenzó su aventura ganadera.

DE LA VEGA A MONTES

Enrique nació en Utrera, nada menos que en el mismísimo Pinganillo, la finca de labor de los Guardiola, pegada a El Toruño, donde la familia sevillana remataba sus célebres toros, villamartas y pedrajas que se lidiaban con cuatro hierros diferentes. Él llegó a los Montes de Toledo, más concretamente a Los Yébenes, con las villamartonas con las que Fidel San Román sucumbió al atractivo del bravo. Aquella fue la primera experiencia ganadera del empresario inmobiliario, era el año 2004. Se le compró a Jaime, que era quien en ese momento estaba al frente de El Toruño, que como se sabe es el penúltimo santuario de la bravura tal y como se entendió ésta en la segunda mitad del siglo XX. La operación acabó reuniéndolo todo para llevar a buen puerto la ilusión del empresario. Juntó un hierro de postín y un conocedor genuino que tenía un conocimiento total, diría que lo traía de origen, tanto del bravo como de los célebres caballos de la casa a cuyo cuidado y doma dedicaba su atención principal hasta entonces.

“Yo llegué con las vacas aquí, sí. Mi abuelo estaba con los Guardiola, se encargaba de las yuntas de los mulos. Luego mi padre fue tractorista y a continuación fui yo quien, con catorce años, comencé a trabajar en aquella casa, que la teníamos como propia. Primero estuve con los caballos y luego con los toros”.

El cambio sucedió a primeros de 2004. Han pasado tres lustros, por tanto, y Enrique, locuaz y muy sevillano, mantiene el acento patrio. Valora el trato que recibe y asegura sonriente que aquí se siente jefe con nómina, que digo yo que será una de las mejores maneras de sentirse reconocido. Las vacas de Guardiola llegaron, recuerda, desde Cazalla de la Sierra a El Rostro, la finca que Fidel San Román tiene en Alcoba de los Montes, en la provincia de Ciudad Real.

“Una finca extraordinaria”, se apresura a puntualizar Enrique, “llana como la palma de la mano y cumbre de pastos. Un fincón. El problema es que está pegada al parque nacional de Cabañeros y eso generaba muchos problemas con la sanidad. Hubo que salir rápido. Había que elegir: finca o ganadería, y sacamos la ganadería. Por ley, por tratarse de un parque nacional, no podías cerrarla, había que dejar pasar todos los animales montunos y de esa manera entraban las enfermedades”.

Así que… en cuanto Fidel compró Robledo el año siguiente sacaron la ganadería. La historia de las villamartonas no fue una aventura del todo feliz. En la actualidad queda un lote de treinta vacas de vientre que llevan totalmente aparte. Son inconfundibles: fuertes, de mucha caja, de espectaculares arboladuras, con predominio cuasi absoluto del negro y los toques de blanco propios del encaste, las gironas, calceteras, bragadas, coleteras… nada que ver, no hay opción a que las confundan con las domecq, que llegarían más tarde y como se puede comprobar allí mismo tienen mayor variedad de pelos y volúmenes más reducidos.

“Estas tienen las caras muy finas como ves y una seriedad, una expresión en la mirada, que no tienen las otras. Infunden más respeto”, remacha Enrique.

Las hemos retratado en un cercado donde las tienen con un toro, del mismo encaste, Paleto se llama, de perfecta hechura y excelente nota en la tienta, negro zaino, apunto, que es definición que últimamente apenas se usa. Lo toreó y lo disfrutó David Mora.

El hato de vacas nos recibe con cierta precaución. Alertas a los desconocidos, al fin y al cabo no es la hora del pienso ni las voces son las habituales ni nos movemos igual. Enrique advierte a Juan, que anda muy confiado haciendo fotos. Lo de Guardiola se arranca mucho en el campo y recuerda el día que le pegaron una cornada estando dentro del coche.

-Estábamos repasando. Mi hijo a caballo y yo en el todoterreno. De pronto lo vi venir, pisé el acelerador y salí de naja pero él cortó y le pegó un derrote a la puerta de tal manera que la atravesó con tanta fuerza que me pegó una cornada a mí.

Las vacas de Villamarta son fuertes, de mucha caja y espectaculares arboladuras, con predominio cuasi absoluto del negro y los toques de blanco propios del encaste, las gironas, calceteras, bragadas, coleteras… no hay opción a que las confundan con las domecq. “Estas tienen una seriedad, una expresión en la mirada, que no tienen las otras”

El toro, recuerda, luego lo echaron a las calles en Vall d’Uixó y aunque fue bueno, en palabras del propio Enrique, no dio el espectáculo que debía haber dado. Vamos, que no fue lo bravo que parecía que iba a ser, porque ya se sabe que hay toros que hacen más ruido que nueces dan. No se acuerda cómo se llamaba ni tampoco ponemos ninguno de los dos interés en ponerle nombre al bravucón, así que seguimos.

La historia de los guardiolas de San Román comenzó a limitarse el año 2008. Aquella temporada, de una camada de cincuenta toros, hermosos y cuajados como no había otros, solo vendieron uno y para las calles. Ante esa situación, coyuntura diría uno de la ciudad, el ganadero, que había comenzado su aventura para verse en las ferias y disfrutar de su ilusión, comenzó a mirar decididamente hacia el bando de los domecq que ya tenía en casa. Finalmente cayó en la tentación y redujo drásticamente los villamarta, aunque tuvo el buen gusto de conservar ese lote que se sigue marcando con el hierro de la G que correspondía a lo de Guardiola Domínguez. Sus productos se lidian prácticamente en su totalidad en festejos sin caballos. Según Enrique porque les cuesta mucho echar las caras hacia delante.

-Ahora que no hay toros viene preguntando la gente, sobre todo los franceses, por los guardiolas. Cuando había no los querían y ahora ya es tarde.

La llegada del encaste domecq se produce un año después de los villamartas de Guardiola, en julio de 2005 concretamente, tras el célebre trato con Paco Medina que hemos relatado. Cuando pregunto por las familias de más arraigo en la casa me dan nombres individuales. Tardadora, Histriona, Volante, Carcelaria… porque tienen la costumbre de repetirlos, así que cuando se deja una becerra se queda con el de su madre y si hay que distinguir le añaden el número o el guarismo, la Histriona del seis o del guarismo que le corresponda.

-Todas esas han dado toros muy importantes y por eso que te cuento de los nombres, es por lo que en una misma corrida puede que salgan varios toros que se llamen igual.

Enrique Sánchez, el conocedor, nació en Utrera, nada menos que en el mismísimo Pinganillo, la finca de labor de los Guardiola, pegada a El Toruño, y llegó a Robledo con las villamartonas. “Yo opino y el jefe decide”

Entre los sementales que tienen como más contrastados me dice que apunte los nombres de Coleto y Temerario. “Dan mucha clase. Son bravos pero dan mucha clase”, insiste.

-La imagen que hay ahora mismo del toro de El Ventorrillo es que arrean.

-Sí, pero sin perder la clase. Con cosas buenas. Es lo que buscamos y lo que le gusta al jefe…, que es, como ya habrá quedado claro en el reportaje, cómo Enrique se refiere siempre a don Fidel.

-Cuando están los animales sanos se mueven, cuando no es así puede parecer otra cosa. Lo importante es que transmitan. Ya te dije, al jefe le gusta que aquello transmita, que no aburra y tiene razón, porque de otra manera estamos perdidos. Luego unas cosas salen y otras no.

Y en ello están en Robledo, en que salgan cuantas más veces mejor, con aquel Cervato de Talavante como referencia.

Texto: JOSÉ LUIS BENLLOCH // Fotos: ARANDA

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