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La crónica de José Luis Benlloch en Las Provincias

Por José Luis Benlloch
Por José Luis Benlloch

Los triunfos no taparon la realidad

Puerta grande para Ginés Marín y oreja para Cayetano. Los toros de Juan Pedro deslucieron otra tarde de plaza llena y llaman a la reflexión. Ni el maestro Ponce pudo disimular lo indisimulable.

Ni la puerta grande de Ginés Marín, merecida, buscada a corazón abierto, lo que corresponde a un torero joven con aspiraciones en una feria en la que tantas cuestiones, monetarias y de reconocimiento, se deciden. Ni el empeño, puro amor propio, no exento de esa torería innata que Dios le ha dado y a la que se agarra Cayetano tantas y tantas tardes para compensar su impericia. Ni mucho menos la maestría de Ponce para disimular lo indisimulable. Ni la bondad franciscana y festiva de un público que nada le enfada hasta que un mal día tome las de Villadiego y entonces serán los llantos. Nada de eso puede ni debe evitar la reflexión sobre tardes tan infumables y vacías, me apetece escribir indignantes, como la de ayer.

La culpa directa la tienen los toros de Juan Pedro y ya van demasiadas decepciones en esta plaza. No digo que haya que borrar a esa ganadería del mapa, claro que no, pero no le vendría mal un descanso en Valencia. Desde el año dos mil no ha faltado ninguna temporada y si contabilizamos los fiascos comprobarán que no se trata de ningún malquerer personal, sólo saturación, hastío, necesidad de probar otras vías. Por favor. Y si me dicen que vienen porque son impuestos, yo les diría que cambien a los imponedores. Y a los veedores también: una feria de la trascendencia de Valencia merece mejores ojos clínicos, dicho en plural, porque son multitud los que acuden a verlos y a reseñarlos. Y todo lo dicho sirve para los juampedros y para algunos más. Los de ayer tenían kilos, muchos, gran alzada, poco trapío, menos bravura, poco estilo y ninguna emoción más allá de que atropellasen a los toreros o acabasen provocando un altercado público. Y situaciones así, con la que está cayendo, cuando se ha conseguido llenar una plaza por segundo día consecutivo, son un crimen de lesa tauromaquia.

Ayer el primero se fue para atrás, le sustituyó un sobrero que era poco menos que el camión de la carne, ese era su parecido con un toro de lidia, seiscientos setenta kilos de modorra, que también hizo oposiciones a ser devuelto; el segundo se fue para atrás por el mismo motivo, su descangallamiento absoluto; le sustituyó un sobrero de Vegahermosa chico, detalle que a esas alturas daba lo mismo, con que no se cayera era bastante; al tercero directamente no le picaron para que aguantase; el cuarto, un mulo total, me impulsó a pedir vacaciones para los juampedros; el quinto, en comparación con los anteriores, mejoró; y el sexto no tuvo ni celo ni codicia ni bravura, un simplón. No quiero creer, como dijo el criador, que la corrida de ayer marcaba el cambio de estilo de su ganadería. Prefiero ser optimista y pensar que el cambio auténtico está por llegar, que lo de ayer fue un jodido accidente.

O QUE SE BAJEN DEL TRANVÍA

Todo eso sucedió en un ambiente de complacencia general, frente a un público ¡qué generosidad, qué hospitalidad, qué bondad! dispuesto a olvidar de un toro para otro aquel descalzaperros. Un brindis, un gesto, un muletazo robado, bastaba para volverlos a poner en modo feliz. Hasta que piensen y se cansen y se enfaden o, lo que es peor, no vuelvan, así que por eso es fundamental la reflexión, el cambio. Y el que no esté conforme que se baje del tranvía y deje pasar a la juventud, que ya ven lo receptivos que han estado esta feria con la juventud.

Ponce, con el mastodóntico sobrero que arrancó la corrida, anduvo fácil, torero, maestro e insuficiente. Nada de lo que le pudiese hacer ningún mortal a aquella mole podía generar emoción torera. Cómo una figura como él, pegunto y no es ofender, puede admitir un toro así; y no hablemos de por comodidad, porque hay que ver lo que hay que bregar y sudar y escucharse, para llegar al resultado cero. Su segundo no logró más que mejorar al primero y con eso está dicho todo.

Cayetano pasó de primeras un doble mal rato. Se fue a la puerta de chiqueros en su primero y la espera se hizo eterna. Nunca salía el JP, Cayetano tragaba saliva y aguantaba hasta que finalmente salió y poco después al susodicho JP lo devolvieron por el mismo sitio, sin que aquel mal trago hubiese servido para nada. Luego se las vio con el sobrero de Vegahermosa y se puede decir que el mal trago de la puerta de chiqueros no fue nada, este descompuesto y enterado superó el escaso oficio de Cayetano y lo mareó. Nada que le hiciese entregar las armas, y en su segundo se fue afianzando en una faena de menos a más, en la que acabó ligando naturales al compás de La Concha Flamenca que interpretó la banda de Montroi. Se volcó con la espada y cortó una merecida oreja.

DOS PARA GINÉS

Dos cortó Ginés Marín, una de cada toro, por sendas faenas de querer y querer. En la primera le tengo anotada media verónica para dejar al toro en el caballo monumental, muy sentida, muy rematada a la cadera. Y le agradezco, sentimental que es uno, que resucitase el fallero, ese pase cambiado por la espalda en los medios con la muleta plegada, que hiciese propio el maestro Pedrés, al que le mando un recuerdo y mi reconocimiento por lo buen torero que fue y su categoría personal. Ginés con la izquierda quiso y pudo hasta componer una excelente faena que remató de una estocada. Con media puerta grande abierta se empeñó con el sexto y acabó arrancándole otro trofeo por una faena de mérito y agallas.

Y acabo, lo dicho, no abusen de la generosidad del público; si se llenan la boca de promoción y de la necesidad de ganar el futuro para el toreo, lo mejor es lo que no se ofreció ayer.

CRÓNICA PUBLICADA EN LAS PROVINCIAS EL 19/03/2017

Sábado 11: “Álvaro Lorenzo cortó una oreja en la apertura”

Domingo 12: “Toreo y dolor, qué bonito, qué duro”

Lunes 13: “Feliz debut de Diego Carretero”

Martes 14: “Un francés por la puerta grande”

Miércoles 15: “Ureña con aires de figura”

Jueves 16: “Puerta grande para Perera”

Viernes 17: "Roca Rey, el ciclón que todo lo arrolla”

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