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Muy grande no. Mugrande

A pie de césped, eso verde donde pasta el burro, nada más jurar su cargo como ministro, Màxim Huerta fue a apagar el fuego de un tuit de su pasado. Yo creo que no hacía falta, pero el bombero/incendiario Pedro Sánchez, jefe de los ministros, le habría dicho que con el fútbol hemos topado, no jodamos el plan electoral que he preparado con mi selección de ministras/ministros. Por cierto que, repasada la lista del míster Sánchez, concluyo que, como yo ya soy escritor, qué guay, de mayor solo quiero ser astronauta. Para ser escritor ministro, en este país, y ser astronauta ministro, en este país, hay que tener mucho eco en Twitter. No basta con escribir, que es jodido de cojones, ni con ser astronauta, que debe de ser más. Sánchez los selecciona por influencers. ¿Se dice así? Porque suena de pena. Suena a sonido de un pedo sin olor. Suena a lo que dicen que es Trump, que hace política influencer neonazi por Twitter. A mí me llaman influencer y en acabando el palabro, tiro una hostia. Leve, pero la tiro.

Estoy convencido de que el duende de un ser humano inigualable, asesinado por esa España que le repugnaba la homosexualidad, revanchista de todo, le abrirá los ojos sobre algo llamado Tauromaquia. Usted tiene lo que se puede tener para que los españoles podamos decir que el ministro de Cultura se llama Màxim. Por ahora, solo es ministro. “De cultura” hay que ganárselo

Huerta tiene el mismo apellido de un general mexicano, asesino y pendejo, con cara de cuervo y mirada de hiena, que tuvo la suerte de coincidir con algo raro, raro: un político presidente decente (dañino para él mismo), Madero. El hermano de este último lo pilló conspirando, pero Madero confió en Huerta hasta que el general lo secuestró para mandar balacearlo en la noche, cobarde y cruel, como se fusiló a Lorca. No sé si Màxim Huerta sabe quiénes fueron Madero y Huerta, pero seguro que sabe quién es Lorca. Aunque sea influencer y no haya leído el Ulysses, así lo confiesa el ministro, seguro que sabe quién es Lorca. Para una respuesta tipo tuit. Que una cosa es el culo y otra las témporas. Una cosa es saber quién fue más que menos Lorca, y otra haberse empapado del más grande artista e intelectual ser humano que haya parido este país. Màxim, no, Lorca. No me líen.

Dice algo así el nuevo ministro en unos tuits (plural, un tuit, dos tuits) o en unas declaraciones: “No le pillo el punto al sadismo de la muerte y los aplausos”. Se refiere a las corridas, supongo. De toros. Digo que supongo porque yo no soy inquisidor. A mí lo que escriban los influencers en sus redes me la pela. Están condenados a escribir algo, algunos incluso condenados a ser ingeniosos u ocurrentes, obligados a su tribu. Mi éxito no es la calidad de mi libro, sino cómo camelo por Twitter para que mi libro se venda. Así sea una cagada mugrande. Muy grande no, mugrande. Así que de Màxim ministro, MM, me interesa, por este orden, lo que haga, escriba y diga, a partir de ahora. Pero a MM, si lo tuviera al pie de un café o un vino, le diría cositas al oído. Hombre, Màxim, ronear de no haber leído el Ulysses de Joyce es como ronear de que no me he comido en la vida eso… sea terminado en a o en o. Da igual, el caso es que no se pude ronear de eso. ¿Por qué? Porque lo acabado en a o en o seguirá siendo cumbre y el Ulysses seguirá siendo ídem, se lo coma o se lo lea MM, o no lo haga.

Recién nombrado, compré en iBooks dos novelas de Màxim y me sucedió lo mismo que a él con el Ulysses. Qué cosas. Ese almíbar frágil con tendencia al mimeconmigo de algodón en una narrativa medio pusilánime, medio de Zara, sensiblería en vez de sensibilidad, como que no lo pillo. Pero jamás podré ronear de no haber leído a MM. Hay proselitismos impresos que contaminan y hasta contagian. Le diría al oído a Màxim que para “pillarle el punto” a Joyce, a la Tauromaquia y a la cultura de comerse “o” u “a”, lea obra de Lorca. A ver, bueno, pues solo la penúltima entrevista que concedió antes de ser asesinado. Ni Lorca ni Dios, si es que existe, deberían tener la potestad de ser influencers de nuestros sentimientos, pero al ser vos ministro dedique más tiempo a leerlo que a saber qué son de sus huesos. Lo primero es horizonte y lo segundo subsuelo.

Estoy convencido de que el duende de un ser humano inigualable, asesinado por esa España que le repugnaba la homosexualidad, revanchista de todo, la de Caín mata a Abel, le abrirá los ojos sobre algo llamado Tauromaquia. Que no es sadismo. Lorca ni servidor somos sádicos. Sabe usted. Lea a Lorca. MM. Usted estudió en el CEU San Pablo, usted pajareó acá y allá, buscó y medio encontró. Ea. Bien. Cumbre. Usted vive del oficio de responder antes de preguntar: definición de influencer. Cumbre también. Usted tiene lo que se puede tener para que los españoles podamos decir que el ministro de Cultura se llama Màxim. Por ahora, solo es ministro. “De cultura” hay que ganárselo. Un tal Wert se quedó en eso. Ministro. Ministro. Ufff. La misma palabra lo dice.

(Ehh. ¿Màxim viene de Maximiliano? Curiosidad).